Detrás de la hora del Planeta

Detrás de la hora del Planeta

El pasado 31 de marzo, se realizó la ‘La hora del planeta’ –que terminaron siendo no más de 30 minutos del planeta–. Lo peor de todo, es que habían personas que aún no se enteraban (y aún no se enteran) a pesar de la difusión en medios de comunicación; medios de comunicación que no pudieron retrasar su programación y colaborar con el planeta. Es totalmente irónico, que durante la Hora del Planeta, un noticiero haga un pseudocubrimiento del evento ecológico más grande del mundo, cuando se supone que todos debíamos desconectarnos. Esas notas supongo yo, son para los inescrupulosos que sólo apoyaban el evento en sus estados de facebook.

¿Y es que se justifica tener el televisor encendido si todas las luces estaban apagadas? Con dicha excusa entonces, después de las diez todos los días en mi casa es la hora, dos horas, tres horas del planeta: todas las luces permanecen apagadas y lo único encendido es el televisor o el computador.

Sin embargo, hubo mucho entusiasmo y un millón de personas –que no viven cerca de mi casa y que no me consta– apagaron las luces y desconectaron todos sus eléctricos para darle un respiro al mundo, aunque más que un respiro fue un suspiro de lamentable agonía… Inevitablemente como todo un suspiro, no duró ni cerca de una hora en muchas partes del mundo. Por ejemplo, aquí en Valle del Lili de la ciudad de Cali, duró no más de diez minutos. Y asumo también, por comentarios de otras personas, que lo mismo pasó en distintas partes de la ciudad caleña.

Con la necesidad de cargar el blackberry o el portátil, podemos ver la ansiedad que genera estar desconectado del mundo y la tecnología. Si cuando se va la luz, ya es un problema y una quejadera, ¿cómo es posible que a voluntad decidamos no tener energía? Es que es intolerable. Yo entiendo a esas personas que les picaba el culo intentando durar una hora sin consumir energía por mera voluntad.

Para una actividad de gran tamaño como esa, que definitivamente colabora y ayuda al planeta al menos en un 0.1% (siendo pesimista), debería comprometerse al menos… todo el mundo. Y no digo que sea una ejecución voluntaria, lo digo, porque los sistemas políticos, el Estado, las empresas privadas, y todo aquello que forma nuestro sistema capitalista, deberían verse comprometidos. Por ejemplo: los medios de comunicación deberían desconectarse también, de tal forma, las personas no tendrían nada que ver en la televisión y la apagarían, igualmente todos los medios de radiodifusión; o al menos aquellas empresas que controlan dichas señales deberían desconectarlas.

Y bueno, puede que las pérdidas publicitarias por esa hora sean exorbitantes, entonces, he aquí otra solución: no presentar programas, y que sólo se pautara publicitariamente durante una hora, productos y campañas ecológicas que persuadan y concienticen al televidente y al oyente sobre el medio ambiente, sus beneficios de cuidarlo y las catástrofes por ignorarlo.

Y todo esto lo digo con la esperanza más grande que pueda abarcar mi corazón, y el arrepentimiento más severo que pueda crearme la conciencia; porque yo fui uno de esos Importoculistas que les picó el culo y no pudo estar una hora sin usar la energía. Aunque tampoco, lo comenté en mi estado de facebook…

¡Lo siento planeta!

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