Diez razones. Es mejor ser un animal

Diez razones. Es mejor ser un animal

Durante mi vida, me he topado con toda clase de insultos –y de halagos, claro está–, uno de ellos muy peculiar, es cuando te comparan con un animal, o usan el “animal” como adjetivo calificativo de tus acciones torpes, inexpertas, y brutas. Pero, es ese mismo razonamiento tan especial y característico que nos diferencia de aquellas criaturas “ininteligibles”; el que me permite cuestionar esos supuestos insultos, cuando realmente, el insulto sería comparar a un animal con uno más evolucionado que se hace llamar ser humano.

Es por ello que he decidido resumir y dividir mi opinión en diez razones por las cuales es mejor ser un animal, que el invencible y narcisista ser humano:

Decimo, y no menos importante; los animales no eligen de forma concurrida sus malos dirigentes. Bueno, de hecho, los animales son tan transparentes que al no tener candidatos, estos no recurren a la corrupción o compra de votos.

Noveno;  los animales son tan fuertes, resistentes, flexibles e inteligentes que hacen acuerdos de equidad para transportarse cuando no tienen la forma. Aquí, en la vida humana, la equidad es un misterio. Es tan maravilloso el mundo animal, que ni siquiera tienen que hacer paro de transportes por la falta de dinero para comer.

Octavo; los animales trabajan por su alimento, no por dinero. Y el dinero, en la exuberante forma de vida del ser humano, no es sólo una comodidad, es un despilfarro de vicios, muertes y delincuencia. Es allí donde nace la ambición, la comodidad, el poder, y la infelicidad.

Séptimo; los animales son tan perfectos y son tan naturales, que su ciclo de vida no irrumpe en lo natural, no adaptan el mundo a sus pies, ellos por su capacidad evolutiva son capaces de adaptarse a tal mundo. Sin embargo, el ser humano, olvido ser parte del ciclo natural de las cosas, ahora adapta el mundo a sus pies, rompiendo aquel llamado ciclo natural.

Sexto; los animales no cambiar su cultura y forma de vida, en una más ecológica y de protección. Ellos no contribuyen a la contaminación, no deben usar desodorante de aerosol, o combustible.

Quinto; los animales no crear centros de protección o reserva naturales para seres humanos. Ellos no nos cazan de forma discriminada, de hecho, cuando nos atacan están mucho mejor justificados aunque la ley no lo exprese.

Cuarto; por fortuna los animales no padecen de adicción a la tecnología, no necesitan vivir en sociedad a través de sus teléfonos móviles y además no sienten la necesidad de perder horas seguidas creando vínculos ficticios en Facebook.

Tercero; los animales no sufren de corazones rotos. Existen entre ellos muchas clases de amor, desde el perpetuo como el del pingüino, o momentáneo y placentero como el delfín. No hay reclamos y mucho menos, embarazos no deseados. Ni siquiera existe en el mundo animal, embarazos prematuros.

Segundo; los animales viven para ser felices. No viven como muchos de los seres humanos –y muchos de ellos influyentes-, por la desdicha de otros. Aunque el animal deba asesinar para comer, la presa posee cualidades que le permite una probabilidad igual de no ser comida. Aquí, en el mundo del ser humano, la probabilidad en muchas sociedades ni siquiera existe. Así, como tampoco la oportunidad.

Primero, último y más importante, para los animales el sexo no es lo más importante. Para ellos, lo más importante es sobrevivir, de brutos, inexpertos y torpes seres humanos como todos nosotros.

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