El melomerengue de mi gente

El melomerengue de mi gente

Aquí ya vamos coronando el fin de año, y vuelven las tradiciones navideñas a la vista. Que los villancicos, que la pandereta, que se acercan las vacaciones de fin de año (para los que tienen trabajos estables y cuando se tiene dinero en los bolsillos), temporada de feria, colorido y sabor a buñuelos y natilla.

Pero al margen de este cercano evento, siempre surgen todos los años a mediados de noviembre los temas que todos conocen, que todos cantan, pero que a más de uno le dan pena aceptar como suyos: los ‘melomerengues’. En los taxis salen, en la Blanco y Negro salen, en la Coomoepal salen, en las cafeterías salen. Música de raíces profundas y nativistas, nos hacen reír con sus ocurrencias  que hacen las delicias de chicos y grandes, de jóvenes, no tan jóvenes y viejos, por medio de sus acordes acústicos, apelando a la guitarra, al tiple y a la voz, sin mayores artificios sonoros.

Narrando pasajes cotidianos de las existencias propias de los colombianos con picaresca y jocosidad, los ‘melomerengues’ se hacen pieza clave auditiva del fin de año, como los alaridos de los que pregonan “POOOOLVORAA, POOLVORAAA” en sus viejos triciclos polvoreros por las noches, los diablitos de las ‘repichingas’ que pasan por las cuadras tocando sus tamboras y sus redoblantes mientras bailan disfrazados, los estallidos de los voladores en el cielo nocturno y las voces destempladas de los que en las casas rezan las novenas y cantan los villancicos a viva voz.

Para algunos es música de mal gusto, de pueblo pobre, de lenguaje soez y obsceno, pero como manifestación cultural no se le puede negar su relevancia al ilustrar todos los devenires, desgracias y aventuras del colombiano promedio con un lenguaje sencillo, cotidiano y asequible, que de seguro se siente identificado con letras como “/Claro, como aquí está el bobo/ claro como aquí está el bobo/ claro como aquí está el bobo que le da plata y le da de todo/” y que se entretiene con las rimas jocosas de este ritmo heredero de las trovas paisas, que se ha hecho un sitio especial en la mente de los que disfrutamos las fiestas de fin de año acompañados de familiares y amigos al calor del relajo y la recocha.

Uno sabe que se va acercando diciembre cuando en las emisoras salen los comerciales con el sonsonete característico de los ‘melomerengues’, y acto seguido, sueltan un tema como “la víspera de año nuevo estando la noche serena/ la víspera de año nuevo estando la noche serena” o el “aguardiente pal chofer”, y las caras de los oyentes empiezan a cambiar en gestos de picardía callada y sonrisas silenciosas, mientras uno recuerda su infancia con los abuelos, reviviendo las navidades pasadas, con sus ilusiones infantiles, sus villancicos destemplados y el mítico y bien llorado “faltan 5 pa’ las 12/ el año va a terminar/ me voy corriendo a mi casa a abrazar a mi mamá”

‘Melomerengue’: tan de fin de año y propio de nosotros los colombianos como la natilla, el ‘desamargado’, las brevas, los buñuelos, los villancicos, los aguinaldos, los diablitos, los totes, las chispitas mariposa, y nuestro tantra optimista de “año nuevo/ vida nueva/ más alegres los días serán/ año nuevo/ vida nueva/ con salud y con prosperidad…”

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