El beso del Papa y el musulmán

El beso del Papa y el musulmán

Una imagen del Papa Benedicto 16 besándose tiernamente en la boca con un líder musulmán egipcio fue obviamente diseñada para armar escándalo. Y la prueba de que armar tropel funciona es que Benetton (la marca de ropa detrás de la campaña UNHATE) vuelva a estar en el mapa, que yo escriba sobre el tema y que lo estés leyendo justo ahora.

Supuestamente la intención del mensaje era promover el amor en vez del odio, para lo cual presenta a dos poderosos enemigos, que usualmente se quieren dar en la jeta, en una situación amorosa. Al parecer un apretón de manos o incluso un abrazo (más plausible entre líderes mundiales) no hubiera logrado el mismo efecto que tuvo el beso en la boca. De hecho, la imagen del beso entre la canciller alemana y el presidente francés (otra de las imágenes de la campaña) parece tan natural que uno alcanza a dudar que sea un montaje. Esto sugiere que lo que armó la pelotera no fue el beso en sí,  sino poner a personas poderosas en una situación tabú: en este caso, exhibiendo un comportamiento abiertamente homosexual. Sin embargo, para cualquier comunidad gay, esas imágenes hubieran sido lo más natural del mundo.

Es interesante cómo reaccionamos ante una obra de ficción (aunque usara personajes reales) que va en contra de lo que consideramos “normal”, pero nunca nos cuestionamos sobre cómo sería percibida nuestra publicidad en otras culturas. Por ejemplo, cuando vemos a las musulmanas jugar de sudadera y pañoleta en los mundiales de fútbol, lo primero que se nos ocurre es que son víctimas de la opresión machista y nos sorprende que algunas musulmanas, en Francia, se sintieran atropelladas cuando se les prohibió cubrirse con un velo. Sin embargo ¿alguien se ha preguntado qué pensarán las indígenas del Amazonas (que viven con sus senos caídos al descubierto), sobre la extraña costumbre de las occidentales de usar sostenes que les cubren y oprimen las puchecas? ¿O sobre la tortura de usar tacones de más de seis centímetros? Dirán que acá sí que están sometidas ya que pocas se arriesgan a salir sin tacones o sin sostén bajo la ropa.

Reconozco que la escena del reencuentro de los protagonistas bisexuales de “BrokebackMountain (2005)” casi me hace saltar de la silla en su momento, pero ya campañas como la de Benetton no me escandalizan. El hecho de que besar a alguien del mismo sexo no me atraiga, o que no me emocione que mi novia ande con el pecho al aire al estilo Amazonas no significa que otros deban hacer lo mismo, ¿cierto?

Bacano que aprovechemos campañas como ésta para cuestionarnos acerca de nuestros prejuicios y lo que consideramos “normal”. A veces es más fácil ser tolerante con obras de ficción, pero se dificulta cuando ya no es claro el límite entre lo que es “real” (los personajes públicos que vemos en las noticias) y lo que es inventado por alguien (políticos rivales poniéndose coquetones). Por eso cuando consumimos medios vale la pena usar siempre la mirada crítica, no solo con la interpretación de la realidad que proponen los medios (los contenidos) sino también con la ficción pagada por los anunciantes.

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