El país de la ficción

El país de la ficción

Un chiste negro define este folclor desde su misma piedad, desde su misma fe. Dice que Dios, (el que quieran) cuando engendró a Colombia más allá del día ultimo de los detalles, con todas las ventajas de los climas, de la fauna y la diversidad, fue cuestionado por un ángel sorprendido de su exceso de altruismo, y le lanzó el por qué, le preguntó la razón y dijo Dios que  iban a ser los privilegios únicos de este país, porque los monstruos que aquí nacerían iban a ser los peores.

Un chiste cruel, como los chistes buenos. El humor, para que cause esa mecánica de muecas hilarante, debe cumplir con unos índices de realidad para que sea irónico, contundente y efectivo. Y si este chistecito cruel logra mover la comisura de los labios, aunque sólo levemente, es porque así lo acepta la conciencia, la inteligencia cínica y el íntimo realismo. Y no es incierto, no tan absurdamente radical, porque si así lo fuera aceptaríamos que el resto de la tierra es un excelso paraíso, un cúmulo de hadas y de arcángeles y no lo es, es una fábrica de bombas y desfalcos.

Pero sólo en Colombia el ministerio en pro de los sectores campesinos, el ministerio de Arias, el mismo del escándalo AIS, resulta prolongadamente impune en los plazos del juicio que lo implica en el atraco universal, cuando el dinero de reparación de tierras, como en el círculo contradictorio de los chistes negros, terminó en los mismos bancos del principio, entre las reinas y el jet set. Y sólo  en el país de los dilemas cósmicos, el señor procurador Ordoñez intenta proponer como debate principal la ubicación del cuadro del Sagrado Corazón en su oficina y en las salas públicas; y sólo en esta réplica realista de Macondo, nuestro señor siniestro, el escudero sordo de la bestia desatada entre las ruinas del poder, ex asesor presidencial, ex oficial de las declaraciones increíbles, José Obdulio Gaviria , sigue insistiendo como  en sus hitos conocidos en las conferencias de Washington, que en Colombia la guerra terminó, que los conflictos se extinguieron, y que la paz y la serenidad más absolutas existen intocables, inalterables, en las ciudades y los campos, y que las armas son fenómenos de un siglo irrepetible. Y sólo aquí la venerable jaula del congreso, vota sin pudor para su inmunidad parlamentaria, para que nunca los toque la justicia aunque el país se quiebre en sus bolsillos de hambre.

En un nuevo retorno del absurdo, más descarnado, irónico y cruel que una comedia perversa, un general vitalicio del ejército, fue descubierto como el lazo oculto y principal entre los capos y la ley, en un completo culebrón de gánsteres, más visceral que una película del western;  y el destronado monstruo de la guerra, ex presidente en el exilio del twitter, nunca escuchó, nunca vio, y nunca supo nada. Gabriel García Márquez definió esta extraña realidad en una frase lapidaria…Colombia es el único país que supera la ficción.

 

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