El que reza y peca, empata

El que reza y peca, empata

Colombia, tierra de parajes hermosos y gente linda… está jodida con sus medios de comunicación, que cada día parecen obedecer más a una política farandulera, ociosa y morbosa; que a una de enriquecimiento cultural y social. Si nos ponemos a observar los contenidos que a diario consumimos, encontramos asesinatos, realities absurdos, escándalos irrisorios y novelas cortadas por el mismo filo traquetiano de hace algunos años.

Pero son aún más preocupantes los consumidores finales, esos que se quejan de lo que ven y leen y aun así viven pegados del ‘chisme’ y peor, aman maldecir y criticar a diestra y siniestra; sufriendo másque los verdaderos protagonistas de los escándalos nacionales. Y es que ese vicio de darle palo al famoso de turno, se torna complicado cuando se analiza que esos mismos ‘errores’ se cometen a un nivel micro en cada casa, barrio, universidad, etc.

Propiciados por los mismos indignados, que insultan por lo alto a La Azcárate por su columna sobre las gordas, o a Elianis por haber ‘mechoneado’ a Óscar, o incluso al libretista de ‘Escobar: El Patrón del Mal’ por poner en escena una historia de ‘influencia negativa’; en un afán de verse a sí mismos como héroes de la sociedad, obviando ciertas frases de su cotidianidad como: ‘Esa gorda inmunda’, ‘Ese es todo un marica’, o ‘Negro tenía que ser’; así como comportamientos y creencias corruptas, entre otras enfermedades sociales que son incluso más perjudiciales para el país, que las polémicas faranduleras.

¿No es un acto hipócrita lanzar fuertes acusaciones contra los mismos pecados que cometemos diariamente?… ah, pero como no somos nosotros los que estamos en tela de juicio…

El punto está en que criticamos y criticamos pero no logramos cambiar el patrón de pensamiento. Creemos firmemente en el dicho ‘el que reza y peca, empata’, y somos fieles usuarios de adjetivos peyorativos como ‘marica’, ‘negro’ y ‘GORDA’.

Entonces el llamado es a criticar, ¡sí! Pero con respeto y reflexión, viviendo lo que se predica, contribuyendo así con un granito de humanismo al ámbito social, para ir desapareciendo esa doble moral que viene sesgada en nuestra identidad mulata; esas puñaladas rastreras que impiden el avance hacía una sociedad más ética y moralmente unilateral, dejando de una vez por toda esa maldita costumbre de aparentar a conveniencia.

Yo ya me di cuenta del problema negándome a seguir haciendo parte de ese círculo vicioso que tiene enferma a la mentalidad colombiana actual; pensando acerca de mis actos y de las frases cortantes que lanzo de vez en cuando sin sentar un precedente de causa y efectos. No es más culpable el que comete el crimen, al criminal que profana santidad en público. La cuestión está en que usted, mi querido lector, haga una pausa, reaccione y descubra en qué cara de la moneda se encuentra en estos momentos; y si, por casualidad, se quiere unir a esta humilde causa de transformar la cultura de una sociedad, regida por la moralina y las dobles intenciones.

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