Felicidad Re-Humanizada

Felicidad Re-Humanizada

La clave de la felicidad está en disfrutar de los pequeños placeres de la vida y aunque suene trillado, es increíblemente absurdo como en la actualidad el principio básico del asombro (como capacidad de admiración y sorpresa) del entorno, se ha relegado específicamente a los infantes, siendo una cualidad casi inexistente en los que se creen alcanzar la madurez, o peor aun, en los que apenas están iniciando la pubertad y creen saberlo todo.

Es irónico ver cómo los bienes materiales, las relaciones sociales patológicas, la ilusión de omnisapiencia adquirida que proveen los medios y los lugares comunes, se adueñan de la cotidianidad, así como de las sonrisas de las personas. Se puede hablar de una banalización de la información y así mismo, de la mentalidad de las nuevas generaciones.

No digo que sea malo disfrutar de un buen reproductor de música, o del goce de la popularidad; pero hasta qué punto estás prácticas causan un enceguecimiento frente al entorno, haciéndolo irreconocible y a veces despreciado por sus ‘usuarios’. Se trata de una deshumanización sensorial; no disfrutamos de las imágenes, los sabores, colores, olores y texturas de la vida, nos volvemos paulatinamente infelices, frívolos y calculadores; empujados por unas necesidades insatisfechas creadas por un mercado agresivo, simples fichas de la economía global, viviendo en la ‘nube’ y dejando de lado la esencia de lo que realmente puede trascender en la vida.

Pequeñas maravillas como la lluvia, las burbujas de jabón y los animales son condimentos diarios de mi vida y es el día que a mis 19 años todavía me siguen pareciendo fascinantes. Así como para otros puede ser la lectura, los deportes, el chocolate, los arcoíris y hasta las estrellas; estas ‘nimiedades’ personifican el disfrute casi personalizado de un mundo hecho a nuestra medida, a nuestro alcance.

Obviamente, existimos los románticos que se niegan a perder esta admiración hacia el mundo. La pregunta clave sería: si la humanidad como se visualiza actualmente, ha ido perdiendo la preocupación por lo que le rodea ¿qué se puede esperar del trato que tiene y tendrá hacía sus semejantes?

No sé si sea una cuestión de valores o creencias, pero a veces se me hace difícil comprender la pobreza mental de muchas personas, que ven en el iPhone de última generación una satisfacción tan enfermiza, que a veces pareciera que tuviera más conciencia el aparatejo que la misma persona.

Problemas tan insólitos como la falta de datos en el Smartphone o la posesividad por la ‘figura perfecta’, ocupan la ‘tragedia’ que podría fácilmente suscitar, siendo más sensatos, la desnutrición infantil y la falta de educación.

Es un llamado de atención: la felicidad está al alcancé de un cambio de perspectiva enfocada a ver lo afortunados, y no lo desdichados, que podemos ser en la vida.  La familia, el medio ambiente, incluso el incierto efecto de las mariposas en la panza, y lo más importante, el humanismo, son sólo algunos ejemplos de capacidad de asombro y revalorización del espacio y del ser que debemos recuperar, obteniendo a cambio la posibilidad de dar la pelea al advenimiento de la tecnología y la superficialidad como eje central de la deshumanización social.

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