Fútbol y chovinismo

Fútbol y chovinismo

Estos días de chovinismo futbolero me han hecho pensar que Colombia sería un mejor país si en vez de más hinchas hubiera más ciudadanos. En buena parte de las calles de las diferentes ciudades que componen la nación la gente expresa su fervor por la casaca que representa los colores patrios, las banderas salen a relucir en las ventanas de las casas, los ánimos se exacerban, nadie niega que la selección Colombia hace una buena presentación en el mundial.

Sin embargo, se me sigue haciendo difícil aceptar que un espectáculo entretenido pero pueril,  agrupe variopintos grupos sociales, y que algo menos entretenido pero axial, como lo es la democracia, suscite dispersiones, asperezas, displicencia y todo tipo de aversiones en una sociedad que no transita un buen camino.

Jaír Villano

Jaír Villano

Ya sé que lo más escépticos dirán que la masa es estúpida por definición, como alguna vez dijo Platón,  luego lo dicho hasta el momento: no es nada nuevo. Pero he vuelto a las páginas de Proust y me he encontrado con esa frase que me refresca el alma: “un nuevo viaje de descubrimiento no consiste en visitar nuevas tierras sino en tener un nuevo ojo”. La mirada filosófica a la que también hizo alusión Ortega y Gasset, qué curioso encuentro en La rebelión de las masas una premisa que me ayudará argumentar lo que más adelante propondré: “no es que el vulgar crea que es sobresaliente y no vulgar, sino que el vulgar proclame e imponga el derecho de la vulgaridad, o la vulgaridad como un derecho”.

Pero retomando el punto, nadie niega que la diversión y el entretenimiento hacen parte de la vida, que la prioridad se individualiza, dicho de otro modo,  en una sociedad libre los individuos deben gozar de un libre albedrío, deben tener derecho a discernir, no obstante esos derechos no lo eximen de sus deberes como ciudadano.

No es que todos y todas deban estar en permanente discusión sobre los acontecimientos nacionales, eso es pragmáticamente imposible, pero sí hay que procurar pensar más en sociedad, más como país, recordar que el amor por esta tierra no estriba en cantar más duro los goles de Rodríguez o Gutiérrez. Habrá que recordar los mundiales de Mussolini y Videla para constatar la eficaz herramienta en la que se convierte no el deporte, sino el espectáculo del mismo; fructífera forma de crear adeptos a causas que ignoran o para seguir fomentando animadversiones por puntos verdaderamente nodales, solamente digamos que aquí Falcao se lesiona y los noticieros se alarman, pero los niños que mueren de desnutrición en La Guajira pasan de agache.

No soy creyente, pero estos días escuché decir al padre Jaime Jaramillo unas palabras que me conmovieron más que la clasificación anticipada de la selección, expresaba con el aplomo que siempre le acompaña que nos unimos y celebremos los goles de la tricolor, pero no nos inmutamos por las luchas sociales, ambientalistas, animalistas, etcétera.

Escribo esto con resignación porque sé que es incluso peor que discutir con un borracho. Es que, pesándolo de otra manera, quizá el fútbol sea la bebida idónea para una sociedad que pese a todo no ignora los suplicios de muchos de sus semejantes, con el fútbol, como con el licor y cualquier droga, por un efímero momento se deja al margen todo, y entonces este es otro país, con otra gente, con otros problemas; ¡Teo no marcó y estaba solo!

Cómo le gustaría a uno que la gente que sale en familia a ver los partidos, que los sujetos que salen a las calles en sus carros y motos, sintieran la misma pasión por, por decir algo descabellado, cuando se llega a un acuerdo en La Habana.

Una vez escuché que una niña le preguntó al papá por el primer presidente del Frente Nacional (la niña no ha salido del colegio), el papá resolvió buscar en Wikipedia. Después, cuando Quintero anotó el segundo gol, me dijo que  antes de pasar por Envigado el muchacho había sido amigo de James, que en el Pescara no le fue muy bien, pero que se está reivindicando en el Porto.

Pero, según los eruditos callejeros, eso no es de preocuparse sino de adaptarse, por eso Ortega y Gasset decía que el vulgar imponía el derecho a la vulgaridad, iba decir otra cosa más importante, pero… Gol de Costa Rica (¡la que dirige el COLOMBIANO Jorge Luis Pinto!).

@VillanoJair

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