Gaia is a tough bitch

Gaia is a tough bitch

Cuando en Twitter alguien ‘retrina’ o se burla de algo pasado de inocente, suele usar el marcador “#Ternurita”. Y últimamente lo hemos usado bastante con las protestas (desde la comodidad de su computador) que algunos han emprendido por la ocupación ilegal del Parque Tayrona, tanto por la inefectividad de una protesta exclusivamente virtual como por su corto alcance. Es decir, protestar en Twitter y Facebook es “menos pior” que hacer nada, pero frente a la enormidad del problema es el equivalente en culinaria a zamparse una bandeja paisa pero bajándola con gaseosa dietética para sentirse menos culpable.

El problema es que los que hacemos algo por proteger el medio ambiente hacemos más bien poco, pañitos de agua tibia, mientras que las principales causas de deterioro de nuestros ecosistemas siguen como si nada, a la espera de que congresistas valientes de todo el mundo aprueben leyes que desaceleren un poco este despelote.

Un buen indicador de esa brecha gigante entre lo que estamos dispuestos a hacer y lo que se necesita fue un concurso en mi universidad. Allí los estudiantes de Diseño de Comunicación Visual competían entre sí por presentar la propuesta más efectiva para movilizar a los universitarios a cambiar sus hábitos de comportamiento y consumo para disminuir el impacto ambiental. Lastimosamente, sólo vi más de lo de siempre: cambiar bombillas eléctricas por luces ahorradoras, demorarse menos en la ducha, etc. (#Ternurita)

Nadie se atrevió a cuestionar dos de las principales causas de contaminación y del sobrecalentamiento global: el uso de carro particular y el consumo de carne. Efectivamente, cada vez que alguien sale solo en carro contamina como 30 veces más que alguien que se desplaza en transporte masivo como el MIO. Y lo sabe, pero lo sigue haciendo como si nada porque no está dispuesto a sacrificar su comodidad y menos a renunciar a un símbolo de status.

El asunto de la carne es todavía más grave. Cada res necesita en promedio 23270m2 de terreno para producir pinches 500 libras de carne, que alimentan a 500 personas un solo día, algo así como 46m2 por persona al día.  Si lo comparamos con el área utilizada para cultivar lo que se come un vegetariano durante todo un año (371m2) resulta ridículamente ineficiente: en términos de espacio cuesta unas 40 veces más alimentar a un carnívoro que a un vegetariano. Y eso que no estamos teniendo en cuenta que cada res produce gas metano y dióxido de carbono, mientras que un cultivo de, por ejemplo, maíz absorbe dióxido de carbono y produce oxígeno. Pero claro, no estamos dispuestos a renunciar a nuestras hamburguesas, puntas de anca y bandejas paisas, y aquí me incluyo.

En conclusión, sería bonito que además de las cositas que hacemos como cuidar el agua o usar luces ahorradoras también compartiéramos el carro o que comiéramos carne sólo dos veces por semana (¿#Ternurita?). Pero lo que sería realmente interesante es que cayéramos en cuenta de que al hacerlo no estamos “salvando al planeta”, sino salvándonos a nosotros mismos. Como dijo la microbióloga Lynn Margolis, co-desarrolladora de la Teoría Gaia, “Gaia is a tough bitch” (la Tierra es una perra muy aguantadora) y se recuperará de todo nuestro maltrato y eventualmente seguirá. Pero sin nosotros.

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