¿iPads en vez de fotocopias?

¿iPads en vez de fotocopias?

Cuando era muy pequeño mis libros favoritos eran de una colección llamada “Libros Animados”. Al abrirlos en cualquier página, los personajes y los escenarios de las historias literalmente “salían” de las páginas gracias a ingeniosas técnicas de plegado. Además, en el borde de las páginas había unas pestañas que se podían halar o mover para que los personajes también se movieran, de ahí el nombre de “Animados”. Al cerrar las páginas, todo volvía plegarse en su lugar como si nada hubiera pasado. Eso en esa época era el máximo descreste. Por eso uno esperaría que, décadas después, los libros hubieran sufrido una evolución tal que serían irreconocibles. Pero no. Ahí están, igualitos.

Pero ahora, tal vez por primera vez desde que se inventó la imprenta de tipos movibles, la forma como almacenamos y distribuimos el conocimiento académico (libros de texto) puede cambiar drásticamente. Con la incipiente masificación de dispositivos como las tabletas de Amazon, Apple o Samsung, ya es técnicamente posible cargar miles de libros bajo el brazo y leerlos casi con la misma comodidad de los impresos.

Sin embargo, a los creadores de contenidos les cuesta seguirle el paso a la tecnología. Ya pasó con los noticieros cuando arrancó la televisión: transmitían el mismo contenido de radio (igualito) mientras en la pantalla simplemente ponían el logo de la emisora. Tuvo que pasar un tiempo hasta que empezaron a aprovechar las ventajas de la TV y desarrollaron algo completamente nuevo: el lenguaje audiovisual. Con los libros electrónicos parece estar pasando algo similar, a juzgar por lo que están haciendo McGrawHill o Parsons. ¿Te suenan esos nombres? Probablemente los hayas visto en el lomo de alguno de tus carísimos libros de la universidad (de hecho son dos de las más grandes editoriales académicas del mundo), y están invirtiendo un billetico en la digitalización de sus libros para que se puedan leer en dispositivos móviles. Pero a pesar de la interactividad que permite la tecnología, estas obras son versiones digitales igualitas a las impresas. Como la naciente televisión imitando a la radio. Pero quizá lo más curioso es que los muy descarados pretenden cobrar lo mismo por un libro electrónico que por su versión impresa (que implica costos que el electrónico no tiene como papel, tinta, impresión, encuadernación, almacenamiento, distribución, etc.). Ahí sí me parece que están en el lugar equivocado, más teniendo en cuenta que Amazon ya vende más libros electrónicos que impresos gracias a que los vende bastante más baratos.

Ojalá pronto los carísimos iPads y sus competidores bajen drásticamente de precio y mejoren su resolución para que sea más cómodo leer. También, que las publicaciones digitales saquen provecho de lo que no tienen los impresos, como la posibilidad de interactuar con ellos, incluir video, enlaces a otros contenidos, esquemas y simulaciones en movimiento que faciliten el aprendizaje, como lo hacíamos los niños del siglo pasado con los “Libros Animados”. Esta es la gran oportunidad para que los libros electrónicos por fin evolucionen y no se queden sólo como una opción para ahorrarnos la plata de las fotocopias.

 

Comments

comments