Un tema oscuro

Un tema oscuro

Fotografía: Mauricio Rey - EL CLAVO

Aunque escrito hace 30 años, La mujer de tu prójimo de Gay Talese sigue siendo una fuente inagotable de revelaciones sobre la sexualidad en el mundo anglosajón. En sus páginas uno se entera, por ejemplo, que los padres de la Inglaterra victoriana (segunda mitad del siglo XIX) obligaban a sus hijos a dormir con manillas con cascabeles para prevenir la masturbación nocturna (quizá de ahí venga la expresión “escuchar campanitas” para designar el momento exacto en que uno siente el llamado del amor). Que aún en los años 50 del siglo pasado el sexo oral entre marido y mujer era considerado un delito contra la moral (ignoro si la prohibición se extendía a los amantes y vecinos). Que el vello púbico hizo su debut en el cine ayer nomás, en 1966, en Blow-up de Michelangelo Antonioni. En pintura, el vello púbico había sido develado por Goya a finales del siglo XVIII en su Maja desnuda. Aunque ya en el Renacimiento las modelos posaban completamente desnudas, esos rizos no quedaron registrados en los lienzos por la sencilla razón de que los pintores los rasuraban previamente, quizá para acentuar la desnudez de la modelo (las esculturas de la época sí registran el vello masculino)

Después de varios siglos de silvestre pilosidad, la cuchilla renacentista ha regresado. Hoy, una pelvis femenina muy poblada se considera casi tan de mal gusto como una axila femenina frondosa, y la zona depilada ha venido creciendo al mismo ritmo del dramático encogimiento del vestido de baño. Por razones que nadie puede explicar con claridad, las nalgas lograron burlar la censura y se pasean orondas en playas y piscinas en ese cínico adminículo, el ‘hilo dental’. Los senos se exhiben altivos en calles y cocteles, pero los pezones siguen siendo un punto tabú por motivos no menos oscuros que los que han permitido airear las nalgas. ¿Por qué razón se publica tanto esa presa del demonio, las nalgas, y se ocultan aquellos puntos inofensivos? Nadie lo sabe.

En la página 176 me entero de que el psicólogo Wilhelm Reich murió en una cárcel de Pensilvania en 1957 por aconsejar la masturbación, por mano propia o ajena, amorosa o mercenaria, como terapia eficaz en el tratamiento de las disfunciones sexuales. No contento con tamaña herejía, afirmó que el sexo era saludable, que las fijaciones místicas disminuían en las personas que vivían sexualmente satisfechas, y que los pajizos crónicos tenían más probabilidades de ser buenos amantes porque mantenían bien entrenados.

La página 368 define la pornografía como “toda publicación de índole sexual que sea, simultáneamente, lasciva, ofensiva, carente de valor social y de méritos artísticos o científicos serios” (Ley del 21 de junio de 1973). A esta sensata fórmula se había llegado luego de que los censores se estrellaran durante varios decenios contra los méritos artísticos de las obras de El Bosco, Goya, Pablo Picasso, Walt Withman, Henry Miller, Lawrence Durell, John Updike y Norman Mailler, entre otros sátiros notables. La página 389 simplifica: “Pornográfico es todo aquello que provoque erecciones al juez”.

La mujer de tu prójimo es un clásico del periodismo por su estilo y por la rigurosa investigación que lo precedió. Por su valor pedagógico debería ser un texto de consulta en las escuelas y colegios.

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