La encrucijada de las FARC

La encrucijada de las FARC

Los ataques recientes por parte de algunos frentes de las FARC dan pie para conjeturar varias cosas, la primera es si el secretariado que negocia en La Habana sigue teniendo mando, si lo tiene por qué ese accionar tan equivocado, si no lo tiene vale la pena cuestionarse con quién es que se está llegando a acuerdos.

Para fortuna del proceso la prensa ha expresado su apoyo a este  haciendo énfasis en las sequías y contrastando nuestro conflicto con la dureza de las muertes en la franja de Gaza. Pero las acciones recientes: esto es, el derramamiento de petróleo en las vías de Putumayo, el cual ha afectado río Orito; así como el atentado contra el Acueducto Regional de Ariari que dejó sin el servicio de agua potable a cientos de personas en la zona rural de Granada y Fuentedeoro, Meta; y de igual forma, la voladura de la torre de energía en  Buenaventura, no son actos esporádicos. ¿Quién los ordena? ¿Por qué los ordena?  Es preciso que esto se esclarezca en la mesa de negociación en aras de mejorar la negativa atmósfera que gravita en la opinión pública.

Jaír Villano

Jaír Villano

Partamos de una lógica sencilla. Las FARC saben que podrán llegar a acuerdos pero que la última palabra la tiene la sociedad civil, entonces, ¿por qué causar estos atropellos si es obvio que eso mina la poca confianza que genera el proceso? ¿No será que su organización no es monolítica y que el liderazgo de su delegación se oxida entre sus frente a medida que transcurre el tiempo?

Si no es eso, es algo mucho peor: y es que están atacando a quien debería estar al margen del enfrentamiento: la sociedad civil. No pueden hablar –nunca han podido, pero digamos– del Derecho Internacional Humanitario (DIH) mientras sus actos no vulneran al enemigo sino al pueblo que dicen defender. ¿Están ordenando esos ataques o no? Si los están ordenando afectarían aún más la salud de un proceso que languidece porque las FARC lo hacen languidecer. Le asiste toda la razón a Santos cuando dice que “las FARC están cavando su propia fosa política”, le dan argumentos a quienes de antemano se opusieron al proceso, en fin, están jugando con un fuego que pasa de fogata a incendio.

Ahora: es verdad, que el discurso de la prensa carece de objetividad cuando son las Fuerzas Armadas las que perpetran actos en detrimento de la estructura militar FARC (a los farianos les matan a un cabecilla y qué esperaban: ¡que se quedaran quietos en el monte esperando otra muerte!), en ese sentido, el periodismo es irresponsable, pero esa discusión es vieja. Y si somos pragmáticos es muy difícil que eso cambie, máxime cuando en vez de intentar ganar alguna solidaridad con las audiencias lo que se hace es despertar aún más animadversión. Me disculparán, pero hay que ser muy torpe para ser su propio enemigo; pues bien, eso es lo que están haciendo los señores de las FARC.

Podrá ser verdad –como dice el director de Centro de Recursos para el Análisis de Conflictos (Cerac) – que los atentados de estas semanas son menores que los del año pasado y que lo que sucede es que al ser a la infraestructura nacional se hacen más visibles. Sin embargo, eso no es argumento para causar atropellos en la sociedad civil.

Las FARC deben entender que la sociedad colombiana sigue sin comprender la complejidad de este conflicto y que eso produce que todas sus acciones sean objeto de rechazo en primer lugar por los medios y luego por la opinión pública.

Deben comprender que su entorno social dista mucho del de millones de colombianos que no les interesa saber que estamos en guerra, que no van a hacer esfuerzo por analizar las causales que dieron origen al mismo y que mucho menos van a concluir que muchas veces son las circunstancias del mismo conflicto las que hacen que se presenten este tipo de factos. En estos días le preguntaron un campesino por el tatuco que le arrebató la vida a una niña de dos años en Miranda, Cauca; contrario a los “análisis” sensoriales y vacuos de tanto columnista (Martínez Lloreda, Paola Gómez y de ahí en adelante), este espetó que lo mejor era que quitaran la base militar que hay en la zona, porque así las FARC no atacarían. Uno no justifica ese accionar torpe, pero estamos en guerra señores, en guerra.

En cualquiera de los casos, escribo dándole el beneficio a la duda y pensando en que siguen tomando decisiones en conjunto. De estar equivocado, lo más prudente es que la delegación del Estado exija la verdad; de tal forma que con esto se logre restablecer la manera en que se llevan a cabo las negociaciones y dejar de una vez claro que unas son las Farcpolíticas (así a la derecha le moleste) y otras ese reducto del que Salomón Kalmanovitz escribió alguna vez en una columna: las Facrim.

Por Jair Villano

 @VillanoJair

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