La fidelidad: más espiritual que corporal

La fidelidad: más espiritual que corporal

Fidelidad proviene del latín fidelitas y desde su etimología y primeros usos, se relaciona con el servicio o la lealtad a Dios; consideración completamente espiritual. Siendo esa la procedencia del significado de esta palabra, ¿Cómo es que la asociamos con el cuerpo?

Lo sé, la influencia cultural que hemos tenido del cristianismo en nuestra formación hace que pensemos que es “natural” ser monógamos, conseguir una pareja, denominar “noviazgo” a la relación que tenemos con ella, esperar un tiempo, casarnos y “vivir juntos eternamente” (o al menos intentarlo); pero no, eso no es natural. Se naturalizó en la Edad [Media, con el catolicismo como dogma predominante en Europa, a raíz de una estrategia empleada para controlar la natalidad de la población y se refuerza con los estereotipos existentes del “hombre y mujer ideales” que existen en nuestra sociedad.

Natural es que más del 90%de los mamíferos tengan múltiples compañeros sexuales y que en el momento de formar alguna asociación monógama, busquen mecanismos para “hacer trampa”. Natural es que los bonobos, parientes de los chimpancés, se involucren en relaciones sexuales con parejas individuales o múltiples y utilicen eso como un medio para resolver conflictos. Natural es que los delfines tengan relaciones sexuales diversas, implicando parejas tanto hetero como homosexuales, y que en ocasiones se involucren con algunas especies de ballenas, dando lugar a híbridos como el Wolphin. Natural es que un ser humano necesite de agua para sobrevivir, no de la monogamia. (Fuente, revista HUFFPOST GREEN).

Dice David P. Barash, biólogo y profesor de psicología de la Universidad de Washington, que no existen evidencias biológicas, primatológicas o antropológicas que indiquen que la monogamia sea algo natural para nosotros; por el contrario, dice que es mayor la tendencia a que los seres humanos tengan múltiples compañeros sexuales a lo largo de su vida; desmintiendo esa consideración que nos han implementado culturalmente sobre “lo malvado” que es tener más de una pareja.

Retomando entonces lo de la fidelidad, y sabiendo que es la infidelidad una de las causas más frecuentes, por las que una buena relación afectiva se termina ¿No sería pertinente replantear la aplicación de esa palabra? Leí hace poco que “Existen evidencias que comprueban que en países con actitudes más flexibles ante el concepto de pareja, las relaciones son más duraderas, más sanas y más felices.” (Fuente, Pijamasurf).

Existe también el neologismo “Poliamor” que se aplica a las relaciones sexuales y afectivas que alguien puede tener simultáneamente con varias personas, eso sí, con el consentimiento y aprobación de todos los involucrados. Simone de Beuvoir y Jean Paul Sartre, dos personajes históricos del siglo XX, son un ejemplo de esta manera de asociación sentimental, que si bien puede llegar a ser controvertida en una sociedad como la nuestra, evidencian que es posible encontrar mecanismos sociales que permitan que quienes no se acoplan al modelo tradicional de pareja, tengan otras posibilidades; todo es una cuestión personal.

Ante esto, considero personalmente que si abordáramos la fidelidad desde lo emocional, la lleváramos a cabo conscientemente y además aceptáramos que nuestra naturaleza tiende a alejarnos de la monogamia; podríamos llegar a mejores acuerdos con una pareja y no estar con dilemas morales, que al final, terminan haciéndonos “doble morales”.

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