La idiota vida real

La idiota vida real

Para estás fechas, para navidad especialmente, el verdadero ser humano se queja de la vida y la realidad como mínimo una vez a la semana. El ser humano que se respete, desea continuar con ese sueño del que te despertaron de repente. Ese mismo sueño que en la mejor parte, un ruido, tu mamá, el celular, cualquier cosa te despierta justo en ese momento de clímax. Lo peor de todo, es que después de abrir los ojos intentamos cerrarlos para continuar con nuestra ficticia aventura.

La verdad, es que el ser humano es un inconformista por naturaleza, e irónicamente la naturaleza es la que constantemente paga ese inconformismo.

Pero volvamos a la realidad; esa de la que nos quejamos, esa a la que madreamos. Que no hay comida en la nevera, que hay muchos huecos en la carretera; que mueren niños en África a diario de hambre, que nos sirvieron muchas lentejas; que el papa Benedicto XVII no está en contra de la pedofilia sacerdotisa, que el cura violo a un niño; que en Colombia no se hacen suficientes marchas, o que si se hacen, son actos hipócritas del gobierno; que la selección no va al mundial; que los jóvenes se la pasan drogando, bebiendo y matándose en accidentes de transito: que entras al baño con urgencia y cuando terminas no hay papel; que se va el agua, que te toca lavar la cocina; que se va la luz, que te toca estudiar mucho para ese parcial en el que necesitas un 5.9 para pasar la materia; que le cancelaron el plan de datos, que no te dio el PIN; que Chávez tiene cáncer o no; que la navidad es un acto de mero consumismo o de tontos ilusos… Cualquier cosa, es un reproche a la vida y la realidad. Quizá, sea esa la consecuencia de que hoy en día, prefiramos vivir a través de nuestras ventanas de Messenger.

Y es que no la pasamos criticando a la vida, está vida que es nuestra realidad, nos parece que en ella hay mucha corrupción, mentiras, y decepciones. Es decir, para nosotros la vida real en pocas palabras: es una mierda, vacía y sin sentido (Incluso para los más positivos). Pero aún así sonreímos; lo olvidamos y no lo agradecemos, sí; pero sonreímos, y en ese momento la realidad y nuestras vidas, no existen, pero tienen sentido.

La gratitud en nuestra realidad, es un peso de consciencia y no un placer, la venganza un placer y no un peso de consciencia. Pero no importa, no importan los contextos subjetivos del bien y el mal, y mucho menos significativo, no importa cuanto lloremos y gritemos, como bien decía el grande y magnifico Woody Allen: no importa cuanta mierda nos parezca nuestra vida real, solo en ella, se puede comer un buen filete, una buena mujer, por qué no, también un buen hombre; se puede escuchar una buena canción y se puede tomar un buen trago. Bueno, no creo que  Woody Allen lo haya dicho con esas palabras, pero ese era el punto de nuestra vida real: Por mucho que nos quejemos, y la critiquemos, nadie al final de cuentas, quiere morir y perderse de esa vida… real.

Comments

comments