La lejanía de lo cercano

La lejanía de lo cercano

Viajar es una palabra que casi todos tenemos en la cabeza desde que comenzamos a conocer el mundo, o mejor, cuando el fin de semana en Tocaima y el paseo de olla en Pance, ya no cuadra mucho en nuestros gustos turísticos. Y es que quién no sueña conocer sitios nuevos, darse una vuelta montado en una góndola Veneciana o subir a la torre Eiffel, y hasta para los futboleros, entrar al Bernabéu y el Camp Now.

Lejanos sitios que conocemos por televisión, por internet y hasta por lo que nos cuentan los que ya se han podido dar un paseo por allá; tenemos tanta información que si nos comparan con nativo de alguno de estos sitios, estamos sobre calificados para dar cualquier clase de tours por la ciudad que nos gusta (por eso es que país donde vayamos, hay un colombiano que se las sabe todas, todas) conocemos tanto lo de afuera, que lo de acá siempre lo dejamos en segundo plano. Y no es malo, pero sí es terrible darse cuenta que vivimos muchas veces de la imaginación que nos brinda un libro o las imágenes que nos da internet, que nos acercan en segundos a la ciudad más lejana, pero nos alejan cada vez más de la gente que esta a nuestro lado.

O ¿nunca ha sentido que sabe más de cualquier lugar que de su propia ciudad? Incluso, muchas veces conoces más a gente que esta separada por mares y hectáreas de tierra que a tu propia familia. Es muy chistoso ver a la gente por cualquier red social, que jamás se ha visto, profesándose amor infinito, colocando en muros y mandando tweets cual esquela de la nueva, declaraciones de amor, dibujito con caracteres y alguna abreviatura que solo ellos dos entienden.

Muchas veces  a esos mismos y a todos los que vamos siendo consumidos por la tecnología y sus distancias, nos cuesta dar las gracias en situaciones básicas. Por ejemplo, cuando tu linda madre te sirve alguna comida, se queda uno buscándole el botón me gusta a la mamá, miras al cielo a ver si te encuentras un tweet que diga ‘gracias’ para replicarlo, o te miras en los bolsillos a ver si hay un emoticón de carita feliz con un corazón… y ya en últimas, buscas un toque de Facebook…( ¿alguien sabe para que sirve el toque de esta red social? Si sabe querido lector, Einstein chupa tetero a su lado) terminando todo con una leve sonrisa y un silencio incomodo.

¡No más con eso!, propongo más palabras que caracteres, y más redes sociales físicas que aquella que utilizamos para chismosear un rato. Acerquemos lo que esta a nuestro alrededor, tal vez el futuro que todos pensamos estará en la tecnología, consistirá en cómo cada uno sabe interactuar (como una ciencia enigmática), con los demás seres humanos, como decir gracias sin escribirlo, expresar amor sin dibujos y reírse sin utilizar ‘jeje, haha o jaja’.

Ah por último, propongo también no aceptar invitaciones de papás a Twitter ni Facebook… No hay peor inquisición que unos papás tecnológicos, acerquémonos ¡pero no tanto!

 

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