Legalize it

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El mundo se sigue oponiendo a la legalización. La Oficina de Política Nacional para el Control de Drogas de Estados Unidos (ONDCP), el zar antidrogas -Gil Kerlikowske-, y el mismo Barack Obama siguen empeñados en una guerra sin fin.

La prohibición se ha mantenido durante cuatro décadas; ha gastado 2.5 billones de dólares*; ha atiborrado las cárceles con 40 millones de arrestos*, y los índices de criminalidad a causa del tráfico ilegal siguen iguales o en aumento, como  lo muestra la situación actual en México.

El narcotráfico promueve la corrupción en todos los niveles de gobierno, especialmente en países del continente Americano. Políticos, policías, militares, jueces, fiscales, empresarios y civiles siguen siendo sobornados o extorsionados.

Particularmente en Colombia, la lucha contra la droga, no ha hecho más que irrigar veneno en la selva, cambiar de lugar los cultivos ilícitos e incentivar la imaginación de los capos para crear nuevas formas de tráfico. Los traficantes, como si fueran una de esas especies resistentes a todas las adversidades y adversarios –tipo cucarachas-, se adaptan y “mutan” a una especie incontrolable; se multiplican y desarrollan nuevos mecanismos y rutas a través de las cuales terminan ganando la carrera de la persecución.

Los grupos al margen de la ley, guerrilla y paramilitares, sobreviven –en gran medida- gracias a la ilegalidad del narcotráfico; pocos negocios son tan rentables como este (ni siquiera los medicamentos o los cosméticos), donde los ingresos representan  400.000 millones de dólares anuales*. Nadie desconoce que Ilegalidad = alta rentabililidad.

La legalización ahorraría los costos y los esfuerzos vanos de la actual lucha contra las drogas. Debilitaría de manera significativa a los traficantes y grupos al margen de la ley. Abriría una puerta para abordar el problema del consumo de frente y de raíz. Generaría conocimiento, de manera real, como sucedió con el alcohol. El consumidor enfrentaría la responsabilidad con conocimiento de causa; a diferencia del afán actual que lo lleva al misterio de lo prohibido, a ese tema aun cobijado por el mito.

En cuanto a la autodestrucción del individuo por el consumo, argumento recurrente entre los pro-prohibicionistas, está claro que no hay nada más tentador que aquello que está prohibido o estigmatizado, especialmente para los adolescentes.

Curiosamente Estados Unidos es uno de los mayores detractores de la legalización; país que asume una posición paternalista de supuesto “cuidado hacia el ciudadano”, y es a su vez, uno de los mayores productores de alimentos, bebidas y medicamentos  nocivos  para la salud; país promotor de la comida chatarra, aquella que viene inundada en conservantes y químicos que atentan contra el consumidor.

Las razones para abandonar la prohibición son tan contundentes y las razones para continuarla tan débiles que hay algún gato encerrado en el asunto o varios gatos llenos de dólares, para quienes la prohibición representa un negocio. De lo contrario ya hubieran cedido.

(Fuentes: 1* y 2* Informe de la Comisión Global de Política sobre Drogas de la ONU.  3* Informe de Naciones Unidas)

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