#LeyLleras2

#LeyLleras2

El 10 de abril de 2012 a eso de las 10 y pico de la noche, mientras Colombia veía sus programas de entretenimiento, llenándose la cabeza con las cosas que les gustan, se debatía y aprobaba a pupitrazo en el Congreso de la República lo que hoy en día se llama la Ley Lleras 2.0, amparada en la excusa algo forzada de la aprobación del TLC con Estados Unidos. Siendo Colombia un país donde los trámites políticos no son ágiles y que no se caracteriza por la rapidez en la aprobación de proyectos de ley, reformas y cambios, llama poderosamente la atención que en menos de dos meses un evento de tal magnitud como la Ley Lleras 2.0 haya sido propulsado, proyectado y aprobado sin que la gran mayoría de los colombianos se enteren de lo que aquí ocurre.

Claro está, para muchos es más importante verse Yo me Llamo, Colombia Tiene Talento, la novela de turno o demás cosas televisadas que percatarse que el mundo a su alrededor ha cambiado, que las nuevas formas de conocimiento sobrepasaron los límites de lo conocido y que muchos artistas no están en contra de la revolución digital, al contrario, la apoyan incondicionalmente.

El problema viene de más arriba, de aquellos personajes que están por encima de los artistas, cuyos intereses priman por encima de los de los ciudadanos comunes y corrientes, de aquellos que gerencian y controlan las grandes cadenas de entretenimiento, información, conocimiento y cultura del mundo, para quienes el dinero es más importante que el conocimiento, la cultura, la información y la libertad de expresión en internet.

Porque no es un asunto nacional, el asunto de la libertad en internet es una causa de índole internacional, y la protección de los derechos de autor no puede ir en contravía con los nuevos desarrollos culturales, sociales y educativos del mundo. Reducir todo el espectro de lo que en realidad ocurre al cuento maniqueo de ‘piratería informática e infracciones al copyright’ es una clara muestra de la Teoría de Ondas de Choque Informativas aplicada en el mundo real.

Muchos ignoran en este momento lo que ocurre pues son bombardeados constantemente por todo tipo de información irrelevante y distorsionada; otros tantos empiezan a hacer difusión masiva de la situación en curso por medios electrónicos (los mismos que quieren censurar las corporaciones) luchando contra aquellos monstruos corporativos que buscan por todos los medios perpetuar el control sobre los contenidos en la red.

Se habla de protección de contenidos para los artistas. Pero no son ellos los que se oponen a la difusión de sus obras en la red. Son sus representantes los que temen perder su modelo obsoleto de ganancias, que creen que el valor de una obra intelectual es la cantidad de obras que se venden y no la difusión de la misma, y que pretenden satanizar por medio de sofismas legales y de artimañas judiciales el nuevo campo del renacimiento de la humanidad: la internet.

La penalización no es la respuesta. Es la aceptación lo que nos hará crecer como sociedad global interconectada, no la restricción informativa que a la fuerza buscan imponernos en Colombia aquellos que se resisten a aceptar que los tiempos cambiaron, que su hora terminó y que es el momento de la gente. Bonus: http://www.youtube.com/watch?v=5DWXRMcw0aE

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