Lo entiendo, pero no lo comparto

Lo entiendo, pero no lo comparto

Mucho gusto, yo hago parte del gran grupo de colombianos que nos quejamos de la televisión colombiana; pero también presumo ser parte del selecto que sí se da cuenta que hay algo detrás de todo eso.

Si bien no todo lo que transmite esa pequeña caja mágica es perjudicial para la salud mental de los colombianos que la consumen como pan recién salido del horno, sí es cierto que a veces parece que no se toman el tiempo suficiente para pensar, no sólo en los gustos sino también en las necesidades del espectador.

Pero claro, la gran masa consumidora del medio busca sólo entretenerse sin meditar un momento el porqué de cada cosa que pasa tras la pantalla; nos hemos criado con la errónea idea de que todo lo que ahí aparece es verdad, con la creencia de que sí lo muestran ahí, es bueno.

Desde tiempo atrás decidimos tal vez por omisión firmar un contacto ficticio con el medio en el que el ver es igual al creer, por lo tanto el ver más es igual a entender mejor. No fundamento esto solo en mi pensar, durante años se ha estudiado el tema pero la venda sigue siendo muy grande, Imbert por ejemplo identifica a las cámaras como ese ojo omnipresente, el que creemos nos muestra todo sin pensar en que es solo un lente, incapaz de ver mas allá de unos 180 grados.

Pero ¡NO!, no nos tomamos el tiempo de contrastar información, no pensamos que tal vez nos conocen más que nosotros mismos y saben exactamente cómo mostrarnos esa lágrima, esa pelea, ese grito, ese beso; para que día a día nuestra reacción instantánea al llegar a casa sea presionar el botoncito rojo que nos aleja de nuestros lamentos para mostrarnos los del otro.

Aunque pensemos que todo está libreteado o que todo está planeado, siguen existiendo millones que gastan sus minutos en votos, que gastan su tiempo pegados a una pantalla en la que sólo les muestran lo que quieren ver, y cada vez son menos los que apagan la pantalla en forma de protesta y leen un libro, un periódico o una buena revista; cada vez son menos los que tienen una conversación profunda, con pensamientos 100% auténticos desde las diferentes aristas del problema y no desde una de sus caras.

Por supuesto es un fenómeno repetido en cada producción, no falta el noticiero que te bombardea con 500 noticias sobre el caso Colmenares y sobre la toma de los indígenas en Toribío, y es que ¿acaso no ha sucedido nada más en el país? ¿Acaso no hay una noticia en la que no intervenga el Estado o esté llena de sangre o muertos?

En qué momento dejamos que la idea se desviara y convirtiera en un circo televisado en el que sólo nos muestran una faceta de la historia; siempre la más escandalosa y folclórica de todas. Sé que con esto no lograré ningún cambio; yo aquí no estoy mostrando sangre, tal vez pocos lo lean entonces pero, ¿qué más da?, es una pequeña queja a este sistema que algún día espero ver transformado.

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