Lo que es jugar en un terreno conocido

Lo que es jugar en un terreno conocido

Cuando uno hace algo todos los días, se va acostumbrando con lo que tiene que hacer paso a paso. De hecho, esa es la manera que todos tenemos para llegar a ciertas zonas de confort y sentirnos satisfechos con lo que creamos. Para ejemplificar casos, pasa con la gente que vende en un almacén (se tienen que acostumbrar a los clientes) o las personas que barren las calles, tienen que acostumbrarse al sol y la lluvia o más común, el presidente que araña cualquier cosita del fisco público, de a poco se convierte todo en una tendencia y se va volviendo normal.

Un día cualquiera por un motivo cualquiera, me embarqué en la labor (sin tener idea) de conocer desde adentro, desde mi profesión, a una persona que hace exactamente lo mismo que yo, para saber entre muchas cosas, qué se puede sentir el experimento de dejar de jugar en campo propio con alguien conocido. Desde la primera pregunta que le hice quedé más desarmado que Chávez sin un micrófono al lado; le pregunté cual era su máximo sueño y me respondió que le encantaría ser una herramienta útil de apoyo para su familia y sociedad. ¿Qué? Sí, esas palabras sabias que si algún Guerrerito, Samuelito o Gustavito cualquiera en las escuelas del país se aprendieran, dejaban de juntarse con Juanito que año tras año como mal estudiante que es, sólo se dedica a comerse a Colombia en pedazos (aclaro, Colombia es una lechonería en la ciudad).

Luego en la charla pasaron Lennon, Juanes y hasta Serrát que secuencialmente nos fue llevando de la música al tema político, cosa que no es extraña ya que la música hoy en día tiene más tintes políticos que en los mismos ochentas y setentas. Cómodamente puede verse a un Pitbull haciendo campaña por un presidente Americano o un salsero siendo ministro de turismo en un país.

Pasamos por comidas voladoras no deseadas, flores con significados propios y también hablamos sobre la calidad de una mirada al mirar y todo eso para darme cuenta de tres cosas: cuando entras a un terreno común no valoras el esfuerzo, muchas veces grande, que haces en tu vida para dedicarte y perseguir tus sueños. Segundo, que cuando el común se convierte en tu zona de confort los resultados no varían mucho, una ciudad no se gobierna desde lo más alto de un edificio; y tercero, no hay nada más gratificante que darse el tiempo de jugar en terrenos desconocidos, para crecer, para aprender, para conocer y para darse cuenta que la mente es un permanente parque de diversiones, y uno decide siempre si se queda sentado muchas vueltas en la montaña Rusa o sigues para la próxima nueva atracción.

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