Lo que no tiene nombre

Lo que no tiene nombre

El último libro de Piedad Bonnet es una obra cargada de sentimientos desgarradores, un relato sincero y conmovedor. ¿Qué es lo que no tiene nombre? ¿El dolor? ¿El suicidio? ¿La esquizofrenia? Un libro que claramente tiene un nombre y es Daniel.

“Dani, Dani querido. Me preguntaste alguna vez si te ayudaría a llegar al final. Nunca lo dije en voz alta, pero lo pensé mil veces: Sí te ayudaría, si de ese modo evitaba tu enorme sufrimiento. Y mira, nada pude hacer. Ahora pues, he tratado de darle vida, a tu muerte y a mi pena un sentido. Otros levantan monumentos, graban lápidas. Yo he vuelto a parirte, con el mismo dolor, para que vivas un poco más, para que no desaparezcas de la memoria. Y lo he hecho con palabras, porque ellas que son móviles, que hablan siempre de manera distinta, no petrifican, no hacen las veces de tumba. Son la poca sangre que puedo darte que puedo darme”. Le escribe Piedad Bonnet a su hijo quien sufría  de esquizofrenia  y se suicidó hace  dos años saltando de un edificio en Nueva York. A su hija mayor le gusta pensar que Daniel, en vez de caer voló liberándose de sus sufrimientos.

Bonnett en su libro comparte su profundo  dolor y expresa que éste se apacigua al ser compartido con otros. No puede dejar de asociar el convencimiento del enfermo de que el mundo le habla, con la pretensión de los poetas de poder leer las señales del mundo para luego traducirlas en ritmos y en imágenes.

Sólo es bueno lo que nos hace felices”, le decía ella a su hijo. Libérate. Y le duele pensar que en ese punto le hizo caso. Radicalmente.

El mundo se ha reído siempre de los locos. De Don Quijote, aunque con un fondo de ternura. De Hamlet, no sin cierta admiración. ¿Cómo podría ella, ahora, reírse de la locura? Comenta en su libro.

Recuerda un episodio donde piensa detener a su hijo al salir de su casa a donde unos amigos y se pregunta. ¿Quién puede detener a un hombre de veintitrés años, así sea dos días después de que ha salido de una clínica de reposo? ¿Quién puede detener a un hombre, de cualquier edad, cuando ha decidido terminar con su vida?¿De qué tamaño es el dolor del que se despide de sí mismo? Piedad al igual que su hija Renata quiere pensar que Daniel no saltó sino que voló en busca de su única posible libertad. Porque, como dice Salman Rushdie, “La vida debe vivirse hasta que no pueda vivirse más”

Un libro que narra su derecho te contar y de seguir creyendo en el arte como manera de hacer catarsis. El hecho de haber vivido algo, sea lo que se da el derecho imprescriptible de escribir sobre ello. ” Quizás porque un libro se escribe sobre todo para hacerse preguntas. Porque narrar equivale a distanciar, a dar perspectiva y sentido. Porque contando mi historia tal vez cuento muchas otras. Porque a pesar de todo, de mi confusión y mi desaliento, todavía tengo fe en las palabras. Porque aunque envidio a los que pueden hacer literatura con dramas ajenos, yo sólo puedo alimentarme de mis propias entrañas. Pero sobre todo porque como escribe Millás, la escritura abre y cauteriza al mismo tiempo las heridas”

Un libro que en definitiva no solo logra conectar a la autora con sus lectores sino también con su hijo. Un libro con la fuerza de la vida. Pues, “Los muertos sólo tienen la fuerza que los vivos les dan”

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