Madrazo madre

Madrazo madre

De todas las groserías que en nuestro lenguaje colombiano habitan, el madrazo es la reina. Adornar una frase cualquiera, en cualquier escenario o contexto, con un  “jueputa” es algo normal, común, permitido y espero que celebrado; yo me atrevería a decir que el madrazo es tan patrio que podríamos ponerlo al lado de “Libertad y Orden” en el escudo nacional; eso sí, sin decir que en este país haya más hijueputas que libertad y orden, claro está.

El madrazo es tan sabio que incluso se ha segmentado y ha creado categorías de sí mismo para ser utilizadas por nosotros, y por eso hoy quiero que nos reunamos alrededor de este escrito a rendirle tributo a ese madrazo que considero el más especial de todos; el que le da una razón de ser a los madrazos en este mundo de las expresiones, ese madrazo que usted NO busca, ese que llega a usted cuando usted está buscando otra palabra, una palabra que lo ayude a resolver la situación, a gritar más duro, a hacer entender su frustración; Cuando este madrazo llega a su boca, usted no lo ha buscado a él, buscó su mejor opción y ÉL era su mejor opción dentro de un grupo de cero alternativas con capacidad para cubrir su requerimiento.

 

No quería recurrir en primer lugar al ejemplo más clásico que podría usar para pintarles una situación en la que se use nuestra clase de madrazo, pero no hay una mejor para empezar que con el hiriente y prepotente golpe en el dedo pequeño del pie con la pata de la cama. Me refiero a ese suceso, en primera persona, como “hiriente y prepotente” porque siento como si esa pata de la cama me estuviera atacando en su posición de quieta, sola y tiesa, con un golpe que yo me doy contra ELLA involucrando la parte más dolorosa de mi cuerpo. Todos la hemos vivido y todos hemos cantado al unísono: JUEPUTA!

Usted lo intentó, pero él era su mejor opción. Así como cuando el ojo se cierra porque ve que se acerca un dedo, o como se cierran los dos cuando usted estornuda, éste madrazo llega de manera instintiva, como reacción visceral de nuestro cuerpo, aunque esta reacción puede ser la respuesta única de la que hablamos, a una situación mala, tanto como a una situación buena.

Empiezo por aclarar que este momento que trataré de plantearles es una vivencia personal reciente. Nunca en mi vida había comprado el Baloto y hace unas semanas, cuando el premio acumulado superaba los 40 mil millones de pesos, lo compré un día miércoles. En la noche me quedé esperando que jugara el sorteo por televisión. Los números no los recuerdo.

 

Acerté la primera balota, la segunda balota, la tercera balota… esperando que cantaran la cuarta balota ya se me había bajado la presión, se me había arrugado el ombligo y el corazón me bombeaba a 300… fue un lapso eterno con la mente bloqueada…

Al final solo me gané el reintegro de un Baloto… ¿¿¿pero usted se imagina que yo me hubiera ganado CUARENTA MIL MILLONES DE PESOS??? … ¿Qué hubiera dicho usted en mi lugar? póngase en mis zapatos, lo primero que hubiera dicho sería: _ _ _ _ _ _ _ !!! (escríbalo usted mismo) 😉

Ahora, luego de haber entrado es este estado de conciencia frente a la grosería mayor por excelencia, espero que sigan honrandola con su uso frecuente y sentimental invocación.

Un madrazo puede ser el inicio y el final de todo. Empezamos esta columna por un madrazo y la terminamos con otro; así como cuando a las 7:00PM en pleno día de Pico y Placa, estando parado usted en el semáforo que queda a una cuadra de su casa, un agente de tránsito le toca el vidrio…(knok, knok)… “Ahhg juepuuta…”. Cuando el hombre se va (sin importar que haya pasado) usted resolverá expresandose así: “Este es mucho hijueputa!”.

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