Ni Santos ni el Zorro

Ni Santos ni el Zorro

Hugo Correal

Los resultados de la primera vuelta dejaron un sabor amargo para quienes creemos en la democracia como posibilidad para construir una sociedad a la altura de las necesidades y aspiraciones humanas. Ahora el país tiene que decidir entre Santos y Zuluaga, dos personajes que encarnan el mismo proyecto de país con una única diferencia: el primero le apuesta al diálogo para encarar el conflicto armado, social y político, y el segundo aboga por la guerra para reducir la confrontación armada a una simple “amenaza terrorista”. En lo demás son iguales, los dos conciben el Estado al servicio de los intereses del mercado y no en función de las necesidades insatisfechas de los colombianos; sus vidas públicas han estado plagadas de escándalos que van desde la corrupción en todas sus modalidades y proporciones hasta la violación de los Derechos Humanos. Tanto Santos como Zuluaga son adalides de las triquiñuelas del ejercicio político que tanto daño le han hecho a nuestro país.

Pese a las similitudes entre los candidatos, la disyuntiva electoral se ha reducido simplemente a dos bandos:  los que apoyan una salida negociada al conflicto y  los que quieren que las motosierras de la seguridad democrática condimenten el omelette de “los tres huevitos” de Uribe. En consecuencia, los sectores políticos que no resultaron ganadores en la primera vuelta se han ido adhiriendo a alguno de los dos frentes.

Es indiscutible que la búsqueda de la paz es un imperativo para nuestro país, nos resistimos a seguirnos bañando con los ríos de sangre que han manchado de dolor nuestra historia. Pero tengamos claro lo siguiente: la paz no se logra simplemente con la firma de un acuerdo entre las partes en conflicto; la paz se construye mediante un proceso de reconciliación nacional en el que la política de un eventual post conflicto es una pieza fundamental. ¿Santos está preparado para el post conflicto? ¿Zuluaga lo está? ¿Los colombianos estamos dispuestos a reconciliarnos con nuestra historia de dolor y con los victimarios? ¿El asunto es tan simple como estar a favor o en contra del proceso de paz y en consecuencia optar por alguno de los dos candidatos? Seguramente esas preguntas no han estado en el centro de la discusión, tal vez porque nuestra inmadurez política nos obliga a elegir al “menos malo” ¿Eso es democracia?

Es un hecho que alguno de los dos candidatos será el próximo presidente de Colombia, pero eso no obliga a quienes no comulgamos con ellos a botar el voto. El voto en blanco, aunque no tiene ningún impacto en el resultado final de la elección, es el recurso que tenemos los inconformes para manifestar nuestra desaprobación a los dos proyectos de país que se imponen por la arbitrariedad de una pequeña minoría que sigue creyendo que el que no está con Dios está con el Diablo.

La paz no llegará de la clase política que ha perpetrado las causas de la guerra, por ello no nos podemos resignar a que las llaves de la paz esté en las manos de otro caudillo que seguramente se dedicará a atacar los síntomas y no la enfermedad.

@HugoCorreal

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