Practicantes Vs. El mundo

Practicantes Vs. El mundo

El mercado laboral colombiano exige cada vez más y más profesionales capacitados, éticos y con disposición de salir adelante y dar lo mejor para su empresa. Los futuros profesionales buscan conseguir trabajos bien pagos, que les permitan aplicar lo aprendido y cimentar un futuro con proyección. Es aquí donde la práctica profesional juega un papel determinante a la hora de dar con ese primer acercamiento al mercado laboral.

Se deduce por lo tanto que una buena práctica profesional da el empujón necesario para un buen trabajo, y que las oficinas de prácticas profesionales de las universidades de la ciudad, del departamento y del país son las encargadas de concertar ese enlace entre empresa y estudiante, garantizándoles así un sitio en el cual desarrollar su aprendizaje profesional, su práctica para el futuro y su potencial consecución de trabajo.

Al menos así solía ser en mis años de universitario.

Pero ahora, el panorama es totalmente opuesto, adverso y desfavorable para los estudiantes universitarios que van saliendo a práctica profesional, pues las universidades hoy en día, según sus mismos estudiantes, no le consiguen práctica a sus estudiantes, sino entrevistas para ver si quedan en las vacantes ofertadas por las empresas.

Puestos esquivos, palancas a granel y “se necesita experiencia profesional para aspirar a la práctica profesional” (¿Soy yo el único que ve lo contradictorio del enunciado?) son argumentos y razones que afectan a centenares de universitarios de últimos semestres, que van descubriendo de mala manera que el mercado laboral colombiano es cada vez más apretado y cruel, que el ser amigo de fulanito en la empresa X pesa más que el ser excelente estudiante, y que a las universidades ya no le interesa ubicar a sus futuros egresados, sino solamente cobrar los dineros de los semestres con puntualidad.

Por si fuera poco, y pese a cobrar montos que muchas veces exceden los 9 salarios mínimos vigentes, los practicantes descubren que su universidad, la que tanto aman, la que tantas dichas y quebrantos les ha dado, la que les forjó como profesionales durante 5 años como mínimo, los arroja a la batalla del mercado laboral sin suficientes herramientas, dejándolos en desventaja desde antes de empezar.

Casos como los de los estudiantes de contaduría que no saben manejar paquetes contables y que al llegar a entrevistas de práctica son descartados de los procesos de selección (por citar un ejemplo al azar) son algunas de las perlas que dolorosamente van descubriendo los futuros profesionales, quienes no siempre corren con la buena fortuna de dar con práctica profesional a tiempo y ven cómo se les atrasa la fecha del grado, sufriendo estrés por ver cómo las oportunidades que quieren se les van entre los dedos, porque los compañeros vagos, perezosos y recostados pero con palancas se posicionan primero dejando atrás a los que hicieron méritos académicos y se esforzaron por dar lo mejor de sí.

Detallando lo anteriormente descrito, queda un sabor amargo respecto a lo que sucede con las universidades y con sus políticas sobre las prácticas profesionales, dando a entender que prefieren lavarse las manos y obviar lo sucedido a enfrentar el problema y abogar por ubicar bien a sus estudiantes en el mercado.

La vida es injusta, ciertamente. Pero las actuales políticas de práctica profesional universitaria lo son aún más.

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