Preocuparse, callar y cruzar la calle

Preocuparse, callar y cruzar la calle

Autora: María Camila Trujillo

Ir caminando por la calle, que se acerque un hombre de unos cuarenta años y que te comience a decir un montón de palabras vulgares. Tomas aire, aligeras el paso y aunque sientes cierta preocupación, callas y cruzas la calle.

Ir hacia la universidad, que esté el tipo de la esquina, ese que siempre está sentado en la misma banca y que te observa pasar diariamente. Ése, que además de observarte te habla con un tono insinuante y de vez en cuando hace comentarios alusivos a lo “buena que estás”. Ése, te dice: “¿Y cuándo es que va a venir a hacerme una visitica?”. Le subes el volumen al reproductor de música, miras hacia otro lado y sigues caminando.

Ir a la tienda un domingo en la mañana, encontrarte con un montón de tipos tomando cerveza y predisponerte un poco ante esa escena. Sin embargo continúas, pasas como si nada y haces tus compras. Cuando vas de salida, uno de ellos te toca una pierna y pretende llevar su mano grasienta a otro destino. Te aterras, corres, todos observan, nadie dice nada, y luego cuando cuentas tu indignación (en la casa, la universidad, con los amigos) todos te dicen: “¿Si ve? Eso le pasa por andar mostrando”.

Así es como en este contexto se suele responsabilizar a la víctima de lo que sucede. Lo mismo pasa cuando te roban y luego te dicen que la culpa es tuya por “dar papaya”; o cuando te enfermas y es tu culpa por “descuidado”. Por esta razón es que las reacciones que tienes son bastante sumisas y son pocas las ocasiones en las que te atreves a invertir el orden de las relaciones de poder, y cuando lo haces, corres el riesgo de que nada salga a tu favor.

Además de todo, tienes en cuenta que este mismo contexto, el que te responsabiliza cuando alguien te agrede, tampoco te defiende. Sabes de antemano y has escuchado sobretodo últimamente muchos casos en los que el acoso y abuso sexual hacia las mujeres no es un mito; en el que son reiteradas las ocasiones en que un delito queda impune y en donde el sistema judicial no funciona muy bien. Es como si estuvieras en una guerra sin armas…

A pesar de lo anterior, es posible que las cosas cambien. Hay un texto de Michael Foucault – Microfísica del Poder-, en el que se desmiente esa idea estática del poder. El poder entonces, circula de un cuerpo a otro a partir del grado de resistencia u oposición que exista. En otras palabras, el poder depende de cada persona y de sus actos.

Existen distintos mecanismos para que subviertas el orden de situaciones como estas. Alicia Murillo, por ejemplo, desde su activismo en España tiene una propuesta llamada: “El cazador cazado”. Se trata de combatir el acoso sexual callejero, grabando y reproduciendo los rostros y reacciones de los acosadores con el fin de que la relación acosada-acosador se invierta y esa actitud normalizada sea vista como lo que es, una agresión.

Lo importante entonces, es que en lugar de callar, cruzar la calle, subirle el volumen a la música, mirar hacia otro lado o seguir caminando, desde tus posibilidades personales, generes resistencia ante lo que consideras arbitrario, impuesto e injusto, y no asumas como inevitable algo que perfectamente se puede combatir.

*Si quieres más información  sobre el proyecto de Alicia Murillo http://www.pikaramagazine.com/?p=6294

Comments

comments