Que nuestra grandeza se ponga de moda

Que nuestra grandeza se ponga de moda

El sentirse orgulloso de ser Colombiano cuando tenemos victorias internacionales en cualquier aspecto, es algo normal. De hecho, creo lo aprendimos de nuestros papás del norte que hasta cuando van a hacer una carrera de Balineras, sacan los aviones F-15 de guerra para que hagan demostraciones mientras suena el himno a la nación. Y no lo critico, me parece algo muy interesante, nos saca por momentos de las desventuras diarias y las venideras, siendo ese espacio de tiempo para recargar y luego sorprendernos otra vez con tantas cosas que pasan.

Mi punto en desacuerdo es el momento en que desde la cultura en los hogares, desde esos pensamientos que nos infundan desde las grandes esferas, hacen ver el deporte como una actividad de poca monta. Claro, excepto el fútbol que con miles de millones invertidos para el torneo local, con patrocinadores de sus uniformes, con una federación que anda construyendo un complejo deportivo que de complejo tiene es la fecha de entrega (ya que hace varios años están que lo terminan) y que da unos resultados pésimos, los demás deportes son vistos como pasatiempos. Esos muchachos que corren, que nadan, que gritan peleando en un gimnasio o esos rebeldes que saltan en esas bicicletas por todo lado. Si, ahora todos nos sentimos orgullosos de la dura Mariana Pajón, de Oscar Figueroa y de los demás, pero esos se han tenido que soportar la discriminación tácita de la sociedad colombiana, que mientras ellos no se han ganado una medalla para que se les reconozca su trabajo duro, los miran mal, como unas personas desocupadas, como esa gente que anda todo el día vagando ahí alzando pesas, saltando con esas bicicletas peligrosas y corriendo por un estadio, en ves de conseguir un empleo o ayudar en su casa.

Si, seguramente esas mismas que le piden a la gente en la calle una moneda o dos mil pesos para ir a entrenar por qué no tienen y muchos han mirado mal. Si esos son los que hoy nos meten en la cabeza que somos un país de grandeza en la grandeza, pero que haciendo un real análisis, con poca categoría para valorar los esfuerzos de cada uno sin necesidad que una medalla olímpica los apruebe.

Como las promesas de la presidencia y alcaldías son muchas en el momento del triunfo (ojalá cumplan), yo espero que por lo menos el olvido del que se ven afectados los deportistas cada que pasan los meses posteriores a un éxito, sea departe de quien lo esperamos; de los de arriba. Pero que nunca ese olvido, esa falta de apoyo y ese mendigar un patrocinio, inicie de nosotros los que celebramos los oros, platas y bronces.  Que desde nuestra propia experiencia si vemos a un deportista, lo califiquemos como es, como un trabajador por el país, como un luchador que nos venderá bien ante el mundo, y que su empleo es ese, darnos una mañana de gritos y alegría como nos la dio Mariana, emocionarnos con ganas de meternos al cuadrilátero en una pelea de Jaqueline y alzar junto con Oscar y María Isabel 177 kg de peso. Que nuestra real grandeza se ponga de moda.

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