Razones para ‘montar’ en MIO

Razones para ‘montar’ en MIO

Autora: Laura Marcela Ballesteros

Un día, mirando repetitivamente las caras de los usurarios del MIO (Masivo Integrado de Occidente) observé muecas de desespero, estrés y ensimismamiento; lo cual me llevó a pensar lo desgraciados que se deberían sentir esas personas al tomar las rutas de los buses articulados. Pero no todo podía ser tan nefasto como figuraba en la cara de la gente; como siempre, debía haber un lado ‘Cocacola’, así que, a falta de oficio ese día,  decidí encontrarlo.

Descubrí:

En primera instancia, el MIO atraviesa la ciudad con distintas rutas que resultan muy directas y permiten al usuario evitar los desvíos, o trancones que se gestan por las múltiples obras de construcción que se están realizando en la ciudad. (Decidieron jugar  triqui en las calles a punta de pique y pala). En segundo lugar, los padrones resultan todo un experimento sociológico donde congregan personas de todo olor, color y sabor. El sistema no discrimina a nadie, en aquellas rutas convergen seres humanos de bajas, medianas y altas condiciones de vida, así como de distintas creencias socioculturales.

También hay cabida para los enamorados, pues se sabe de más de un caso donde las parejas se han conocido en los buses y estaciones de este transporte. Tal vez representa un escenario de posibilidades con relación al sexo opuesto, sirve de práctica de piropos, autoconfianza, y como terapia para la interacción social, pues nunca falta la frase rompehielista de turno.

El bus posee aire acondicionado, asientos especiales, si se de la tercera edad, embarazada, discapacitado o se tiene un niño de brazos; además de agradables ventanales que permiten la visualización de la ciudad. Con respecto a esto último, resulta una forma más relajada de ‘dar un vistazo’ a la misma, reconocerla y aprender un poco de ella. Puede servir de inmobiliaria, permitiendo ver clasificados y letreros de distintos negocios, bares, restaurantes, etc. Y por si fuera poco lleva y trae a la gente a diferentes destinos. Puede que al principio haya sido algo deficiente, pero con las nuevas rutas y buses, se puede decir que tiene una gran cobertura en la ciudad y que llega a casi cualquier parte de la misma. Es más fácil subirse al MIO y preguntarle al guarda o mirar los mapas, que tomar un bus común y adivinar la parada.

Obviamente, no siempre es de mil maravillas el servicio, pero en cuentas generales y con actitud positiva resulta toda una mini aventura. No falta el susto por un frenazo del chofer, la emoción de las carreras de la gente para entrar; la exposición a lesiones de los más osados que juegan a ingresar justo cuando la puerta se cierra; la felicidad de rencontrarse con amigos con los que se había perdido el contacto, y la cierta seguridad que brinda el servicio con respecto a otros medios de transporte; y lo mejor, todo esto por 1.500 pesos.

Es por eso querido lector, que lo invito a reconocer el entorno de una manera diferente, con curiosidad y positivismo, haciendo hincapié en los detalles que pueden hacer más ameno nuestros viejos, como los que expuse aquí. Por cierto, también sirve de recinto filosófico, pues todo lo aquí mencionado fue pensado en una ruta troncal del mismo.

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