Síndrome de atención dispersa

Síndrome de atención dispersa

Era de esperarse que se generara revuelo en las redes sociales tras las declaraciones de Francisco Santos donde proponía el uso de armas no letales para controlar las manifestaciones estudiantiles; también era de esperarse que el inconformismo de la gente se reflejara en un movimiento que busca recoger firmas para que un fascista, que  nunca se ha caracterizado por su lucidez o sus implacables argumentos, salga de su puesto privilegiado en uno de los medios más importantes del país. Nada de esto es motivo de sorpresa, pues es propio de una sociedad democrática que está inmersa dentro de los nuevos procesos comunicativos.

El problema es, que cuando aparece una nueva noticia en el panorama nacional con cierto eco mediático, volcamos nuestra atención a esa nueva problemática y el inconformismo no llega a nada más que a “trending topics” de la semana pasada. Ejemplo de esto es que #pachitoelelectrocucutador  ya no es un tema caliente en las redes, ahora discutimos si Leonel debe o no salir del seleccionado nacional, mañana si la niña que ganó el reinado tiene posibilidades  para el título de Miss Universo y pasado mañana si el concursante que se ganó el reality de turno se lo merecía.

Igual pasó con Corzo, que se convirtió en el enemigo público número uno por un par de semanas, después de declarar que la plata no le alcanzaba para la gasolina; o con la senadora  Liliana Rendón, cuando salió a decir que si le pegaban a una mujer era porque se lo había buscado. Todos ellos siguen cómodamente en sus puestos, aunque en su momento se pidió sus cabezas (o al menos sus renuncias), todo porque nuestra indignación siempre se pierde en la tormenta mediática actual.

¿Cómo esperar transfórmarnos en una sociedad madura, si ni siquiera somos capaces de apropiarnos de nuestra realidad y tomar acción efectiva? ¿Cómo pretendemos  elegir líderes honestos y eficientes, si permitimos que los grandes  oradores y visionarios del país, caigan asesinados en manos de mafiosos y corruptos, sin que al menos demandemos que la justicia no deje sus muertes en la impunidad? Si no somos capaces de reaccionar frente a las dementes declaraciones de uno de los supuestos líderes de opinión del país, capaz de influenciar a millones de compatriotas, definitivamente estamos perdidos.

Pero todavía hay luz al final del túnel, no todos estamos dispuestos a dejar que nos metan los dedos a la boca; por eso miles de estudiantes han levantado sus voces de rechazo contra el proyecto de la ley 30, unidos como una sola fuerza han tomado acciones para hacerle frente al estado y aparentemente han salido victoriosos. Ellos son un ejemplo para los que se quejan  al ver las noticias o leyendo el periódico, para los que creen que con escribir entradas y actualizaciones en facebook y twitter van a arreglar el mundo. Esperemos que estos futuros líderes del país se constituyan en una fuerza de acción y de opinión, que reaccione (siempre de forma respetuosa y pacífica) ante las injusticias de la nación.

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