Sobredosis “Loser”

Sobredosis “Loser”

Autora: Diana Ramirez

“Todos tenemos derecho a 15 minutos de fama” decía Andy Warhol y hoy las redes sociales, pueden ser uno de los medios para alcanzar el tan anhelado reconocimiento, aunque la mayoría de las veces con una sobreexposición innecesaria o por las razones más pintorescas. Pero al interior de este fenómeno, existe una cuestión más profunda que cada vez más desaparece los límites entre la realidad y la ficción, y crea las condiciones para adentrarse en el terreno del desencanto.

Por ejemplo, en una dimensión paralela podría ocurrir algo así: viernes por la noche, no hay plan a la vista, tampoco dinero y amigos disponibles para salir. Entonces puede sentarse frente al computador, conectarse y ver ante sus ojos una sucesión de imágenes idílicas en sitios turísticos, discotecas de moda, momentos “inéditos” y hasta viajes al otro lado del charco. Quiere irse de ahí pero su mano y voluntad propia están clavadas al mouse y al frenético clic que pasa y repasa las fotos una y otra vez. Cuando por fin logra desconectarse, puede experimentar efectos secundarios propios de una crisis cósmica. Recuerda que es viernes y está como un cactus en un desierto, mientras el resto del mundo goza y se divierte en un oasis.

En la reserva del sumario personal, es posible haber experimentado alguna vez esa sensación “looser” al abrir su cuenta de Facebook y recibir una avalancha de actualizaciones sobre estados de relaciones, viajes, salidas, ascensos profesionales y demás con sólo dar clic en los perfiles de sus “amiguis” y denominados “familiares, compañeros de estudio o trabajo, extraños, fisgones, etc.”  Y ni hablar del repertorio de publicaciones que pueden ser tan pintorescas como absurdas: “acabando de llegar de misa”, “me voy a bañar”, “ese hombre es mío” o “con mi gordis haciendo nadita”.

En algunos casos esto puede provocar la crisis cósmica que produce la conocida frase: “Odio mi vida”, cuando se cree que el resto de mundo tiene una vida más interesante que la propia, “corroborando” tal situación con sólo mirar la foto del amigo de vacaciones en la playa y compararla con la suya en el Lago Calima; o de la nueva pareja y usted soltero o mal emparejado; sus amigos “enrumbados” vs sumercé en casa viendo “la defensoría del televidente”.

El desencanto puede agriar el dulce sabor que para algunos tiene el alcanzar algún reconocimiento sobre sus vidas. Lo cierto es que, aunque cueste aceptarlo, esta nueva forma de conectarnos está trayendo cada vez más la sensación de no ser lo suficientemente bueno, inyectando a través de la “realidad” ajena una sobredosis de buena ficción que en los días de crisis cósmica hace todo más “looser”. Sin embargo, no se puede juzgar como falso todo lo que se ve a través de las redes sociales, pero no hay que olvidar que ellas son sólo una pequeña ventana hacia la inmensidad de la vida y el mundo, y cada quien puede mostrar a través de ella lo que mejor le parezca.

Para superar la sobredosis que puede provocar el experimentar la sensación de fracaso, también hay que tener en cuenta la importancia que hoy en día cumplen las redes sociales aparte de ser un medio de promoción personal: derroca malos gobiernos, comparte ideologías y une los sueños y metas de muchos en un solo lugar, mucho más allá de “los quince minutos de fama”.

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