T.V. o No Te Ven

T.V. o No Te Ven

Desde hace ya un buen tiempo, muchos han venido indagando e investigando acerca del impacto de los medios electrónicos y tecnológicos en la vida de las personas. Cabe aclarar, que así como estos son efectivos para informar, educar, publicitar, entretener, entre otras cosas; también es real el impacto negativo que pueden lograr y la manera tan delicada en la que llegan a
influir en la autoestima o personalidad de un niño, joven o adulto.

La famosa caja mágica, mejor conocida como televisión, es el fenómeno cultural y social más impresionante de la humanidad. Ésta, se ha transformado en necesidad y objeto indispensable para muchos hogares alrededor del mundo.
Con esta, los televidentes nos convertimos en receptores de gran parte de los sucesos que acontecen en el mundo, o por lo menos, de las cosas que algún gobierno u entidad privada nos quiera implantar.

Es así, como se evidencia a grandes compañías y  canales de televisión nacional (para más tristeza), como RCN o CARACOL, a los
cuales parece que se les ha olvidado un poco el concepto de moral y ética, al  igual que el papel indispensable de mediadores y actores neutros, que nosotros  los comunicadores debemos cumplir.

Surge ahora una problemática que nos compete a todos, y  esos son los famosos “Realities Shows”. Sí, esos concursos tan apetecidos por  gran parte de las personas; que hemos copiado de alguna cultura ajena a la  nuestra, adoptándolos principalmente como medio de entretenimiento, para luego maquillarlos con la supuesta búsqueda de talento, promoción de la cultura, ayuda a los necesitados, cumplimiento de los sueños, etc.

Es real; esto sucede porque nosotros se lo permitimos  a los medios, les damos completo dominio sobre nuestros intereses, los dejamos entrar  en nuestros hogares a saturarnos con imágenes que nunca pedimos, pero que  terminamos aceptando. Nos encanta el chisme, la crítica, la burla, ver a otros haciendo el ridículo y peor aún, participar no solo como un simple espectador,
sino que también como un actor.

No juzgo las razones por las cuales alguien haría  parte de uno de estos programas, buenos argumentos tendrán (supongo). Pero sí
tengo la certeza de que muchos lo hacen por simples ganas de llamar la atención,  para que los vean, para ser “famosos”; ya decía Humberto Eco que “El énfasis en  la reputación ha cedido su lugar a un énfasis en la notoriedad”. Pero… ¿hasta qué
punto el fin justificará los medios?, ¿Qué costo estamos dispuestos a pagar, por un poco de popularidad? Y para los canales: ¿por encima de cuantos seres  humanos tendrán que pasar para lograr sus intereses?, ¿hasta cuándo se van a  lucrar a costa de las  personas?

Pareciera que la única forma de ganar audiencia o  elevar el rating, fuera la necesidad de ventilar y hacer pública las
intimidades de un grupo de personas.

Denigrar, vender de manera morbosa, sin moral alguna  la dignidad de alguien, claro, es fácil manipular y “libretear” la vida de
seres sin carácter.

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