Todas las mujeres son brujas

Todas las mujeres son brujas

Dicen que las mujeres son como las moscas. Se despiertan, se soban la cara y los ojos, se frotan las manos y ¡a joder todo el día!

Por eso le  iba a proponer a mi mujer disfrazarse de mosca para el pasado Halloween. Pero no, caí en cuenta que lo que son es brujas. Tranquilas mujeres que ustedes nunca necesitan disfraz. Son brujas desde la desnudez en que nacen. Las hay disfrazadas de belleza pero no dejan de ser brujas.

Ese tal sexto sentido es una prueba de sus poderes sobrenaturales. Se la huelen que algo anda raro, que algo pasó o que algo va a pasar. No necesitan bola de cristal ni bolas de ningún tipo. Ven el futuro. Saben de antemano cuándo uno la va a embarrar.

Ponen y quitan cuernos a diestra y siniestra sin que nadie se entere, sólo sus mejores amigas.

Tienen magia en el discurso, convencen a cualquiera. No hay mujeres abogadas, son brujas con el dominio de la palabra. Son capaces de hacerlo quedar a uno culpable en cualquier situación. Si uno no está, por no estar. Si uno está, por estar. Si hace, por hacer. Si no hace, por no hacer.

Son capaces de convertir en sapo a la mujer más bella tan sólo usando su lengua viperina.

Tienen poderes telepáticos y la comunicación más efectiva del planeta. Un comentario hecho en Cali estará en Pekín antes que cualquiera llegue a teclearlo en la red.

Quizá no todas tengan escoba voladora pero pueden teletransportarse y ver a través de los ojos de sus congéneres. Con un blackberry su mujer lo encuentra a usted donde quiera que esté; sabrá con quién está y puede conjurar a la víctima por medio del mismo aparato.

Aquellos cambios abruptos del estado de ánimo en ellas es bipolaridad característica de hechiceras. Pasan del llanto a la risa, de la depresión a la euforia, del odio a la pasión. Su emocionalidad está sincronizada con la luna, tal como los lobos.

Manejan sus mañas y conjuros para dejarlo a uno totalmente embrujado. O sino, qué me dicen del caminado de modelo en pasarela; de la acomodada de pelo para atrás que deja la estela del olor de la belleza; de las miradas que lo petrifican a uno, comenzando por las partes nobles; de la danza de sus manos al hablar; del brillo de su aura con dos o tres cervezas. Eso es física brujería, la madre sino.

Como dice una amiga: “somos capaces de levantar cosas sin tocarlas”.

Desde muy temprana edad tenía mis sospechas sobre esa esencia hechicera. Ahora no tengo duda. A pesar de ello más de una logró embrujarme.

“Mujeres, mujeres tan divinas, no queda otro remedio que adorarlas…”

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