Traición a la Patria

Traición a la Patria

Vivimos indignados por todo; actitud que argumentamos pensando que el universo, cosmos, destino, chuchito (entiéndase Dios), etc.  Está(n) en deuda con nosotros, y pensamos que eso que tanto nos deben, es lo que pondría fin a nuestro cojo caminar por este mundo.

Juan Manuel Rodríguez

Juan Manuel Rodríguez

Creo que ya todos sabemos que una cadena multinacional de tiendas de café (mencionar su nombre genera todo tipo de reacciones) entró al mercado local, y para hurgar más en nuestro orgullo, situó su tienda en el parque de la 93, enfrente de las narices del establecimiento de Juan Valdez en dicho sector.

 ¿Cuál es el problema con eso? Desafortunadamente el mundo funciona así, y las grandes empresas siempre quieren darle en la cabeza a las locales.  Está claro que con la salvaje economía actual, se comete quien sabe qué cantidad de atropellos; pero también la inversión en el país genera más puestos de trabajo, lo que va de la mano con el desarrollo.

Tenemos que aceptar que en nuestro paso por la tierra, nos toco vivir en una era completamente capitalista y no podemos hacer nada al respecto, aparte de adecuarnos de la mejor manera posible a un mundo que tiene como variable predominante, aparte del dinero, el cambio. Por mí, ojalá todavía existiera el trueque.

Si las  tiendas de café nacionales no le sacan ventaja al hecho de jugar de locales, tener un previo conocimiento del consumidor colombiano de café, y  además utilizar  a su favor  toda esa carga emocional y patriótica que tanto nos lleva a actuar, tienen serios problemas.

A la larga, considero que aquella empresa que comprenda a fondo cual es la experiencia que quiere vivir el cliente al ir a tomarse un café, algo elemental pero que ninguno de los competidores parece dedicarle el tiempo suficiente, y la cual abarca mucho más que ese acto en sí, será la líder en el mercado.

Los extranjeros que irrumpieron y batieron ese mercado del café, plenamente dominado por empresas nacionales, tienen mucho dinero, y eso en este mundo avaro y codicioso, abre las puertas en cualquier lugar del planeta, independiente de cuál sea su orientación política, religiosa, etc.

Lo que, por favor, debemos entender es que si algún día, yo, usted, su amigo, su abuelita(o) etc. les da por tomarse un café en Starbucks (lo siento, ya tenía que utilizar el nombre), no estamos traicionando a “Colombia tierra querida himno de fe y alegría”; lo hacemos simplemente porque nos dieron ganas.

A veces es bueno dejar tanto patriotismo de lado.

Por Juan Manuel Rodríguez

@Vieleicht

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