Un obispo en la procuraduría

Un obispo en la procuraduría

Juan David Ochoa

El pacto entre política y religión ha resultado siempre catastrófico. Desde la muerte de Hipatia, la filósofa de Alejandría que empezaba a innovar en las primeras ideas de la ciencia, “las ideas peligrosas”, hasta la noche brutal de san Bartolomé, cuando una horda de cristianos masacró a su oposición política. Toda la sevicia impulsada por el dogma, esa verdad impuesta y arrogante, carente de sustento y argumentación, flotante entre la niebla de la fe y la subjetividad sensible y paranoica. No puede el dogma gobernar junto a la misma jerarquía de la ley que juzga y equilibra el caos de una sociedad contradictoria. La política moral no puede actuar en la imparcialidad. Suele acabar entre desastres. Resulta torpe, envenenada y peligrosa. Envenenada Peligrosa como el escudero del retraso de los tiempos en la tierra hipnotizada por inciensos del sagrado corazón y la esperanza infundada, Alejandro Ordoñez, el obispo que bendice y excomulga desde el vientre de la procuraduría.

En un delirio propio de la guerra entre partidos, el señor conservador, idólatra de todos los santos y las vírgenes, siente que el mundo, su mundo, se pierde en un abismo de culpa y error por los avances de la ciencia y los derechos generales. Fue conocida su obsesión contra el aborto permitido entre los tres casos (violación, deformación, riesgo de muerte), que se encontraba legal, y que volvió como un cangrejo maniático a permanecer vilipendiado por la sacra moral para que el peso de la ley cayera y las mujeres volvieran al oscurantismo, Sin consenso, sin opción, sin oportunidad. Una vez más el cristianismo vuelve a desgarrar las construcciones de una sociedad que tiende a las incursión bajo las luces ilustradas de Voltaire y Montesquieu, de la racionalidad y el equilibrio, pero que ahoga sus impulsos, tropieza con los muros anacrónicos, enfrenta la presencia del cristo. Fracasa siempre bajo el peso del fenómeno del hombre-dios, esa figura perversa que pretende abarcar y coordinar el universo entero con su cruz y sus delirios. El debate del procurador contra la ley del aborto ha fracasado, por fortuna, pero ha a jurado su insistencia y ha propuesto un referendo nacional para que sea contundente la venganza.

Causa terror la posibilidad de ese retorno a las cavernas. Mientras el mundo evoluciona entre cimientos humanísticos y racionales, Colombiapodría caer en el único infierno peligroso, el único infierno que existe; la ignorancia profunda. De nuevo ante el poder vesánico del nuevo obispo.

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