Una extraña coincidencia

Una extraña coincidencia

El fatal error de Obama en el discurso que ofreció durante el homenaje a Jan Karski, estadunidense de origen polaco, por resistir las avalanchas del nazismo, fue irónico y extrañamente coincidencial. Cometió el monstruoso y mínimo error de describir los campos de concentración como una obra de Polonia. “Los campos de concentración polacos”, dijo, y la tormenta de la furia le llegó con los ataques diplomáticos del desconcierto, como era de esperarse.

Desde el final de la guerra han intentado borrar de la memoria ese fantasma extranjero de Aushwitsz que retumba en todos los oídos de la tierra con sus muertos, esos millones de judíos, de homosexuales y comunistas y gitanos y discapacitados, disidentes políticos y religiosos que se ahogaron en las cámaras de gas o se fundieron en los hornos, y que murieron en Polonia, por el estrago y el poder de la invasión.

Una desgracia que han querido los polacos olvidar y evaporar de la memoria y de la historia sin efecto, porque fue Auschwitz el macabro invento más oscuro del siglo, porque fue el símbolo fatal de la guerra mas horrenda entre las guerras, y porque nada se ha acercado a ese exterminio y a esos métodos para enterrar del todo los vestigios de una “especie molesta”.

Y ahora Obama comete el mínimo y monstruoso error de confundirse en el origen del invento, ignorando una coincidencia oscura: el retorno aparente de una historia que se había intentado desterrar de la vergüenza universal, de la culpa y de la geografía, la peligrosa resurrección  de grupos neonazis que en el centro de Europa los han visto de nuevo en cofradías clandestinas de himnos y rituales simbólicos, apareciendo con banderas y esvásticas en espectáculos masivos, intimidando a la gigante inmigración que sigue huyendo de la ruina y la miseria. Y es justamente en Polonia, para infortunio de Obama, donde empieza a resurgir esa demencia del racismo infantil, que desde el tiempo de la Grecia antigua sigue siendo el anatema que cuestiona la supuesta evolución del raciocinio.

Para el resto de Occidente, que fue exento de esa época de muerte y de ceniza, el error de Obama es invisible, imperceptible, un adjetivo acelerado y sin malicia. Para la Europa que vivió la destrucción total, la humillación y el hambre de la guerra, para Polonia que guardó obligada esa guarida del terror, el cerco de todos los millones de las muertes, de todos los gritos, de todos espasmos, de toda la demencia desbordada, es un insulto brutal. La susceptibilidad es entendible.

PD. En pocos días inicia el show mediático de la Eurocopa, con sedes en Polonia y en Ucrania. Tiene un reto la logística para impedir que una bandera sospechosa en las tribunas les destroce la fiesta.

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