Yo tampoco estoy a favor del TLC

Yo tampoco estoy a favor del TLC

Yo no soy economista, ni político pero he asistido a varias conferencias y he leído mucho sobre el tema. Sobre ese repudiado e intolerante tema que todos llamamos: Tratado de Libre Comercio –que de libre no tiene nada–. Ese mismo tratado del que hablan solo por encima los medios de comunicación, regocijándose en lo bueno que es sin prueba alguna, sin estudio económico, y con simples palabrerías de presentadoras con hermosas faldas, una pícara sonrisa, y un libreto memorizado una hora antes de la presentación.

Después de saber aquello, mi única conclusión –tomando prestadas unas palabras que no recuerdo quién dijo– es la siguiente: No se puede tener una empresa sana en un país enfermo.

Y es tan real y verídica. Enfermo está este país que toma decisiones sin consultar a un pueblo, un pueblo igual de enfermo que parece no importarle más que los goles de Falcao García.

Y es que no lo comprendo. Cómo es posible que un país tercermundista con altos índices de pobreza, con poco empleo, y con poca competitividad tecnológica y educativa, acepte un tratado de igual a igual con una potencia mundial; un comercio de igual con un monstruo capitalista. Cómo es posible que insista en los mismos modelos económicos que no han funcionado y que ahora tienen al mundo en una crisis. ¿Es que no hay criterio?…

En este país, y en muchos otros, no parecen existir las alternativas, porque siguen insistiendo en lo mismo que ha arruinado a Grecia, España, entre otros. Los mismos sistemas económicos que nos han llevado a la quiebra.

Ahora Colombia, esté hermoso país, con ocurrencias, felicidad, y dicha que lo ponen entre los cinco países más felices del mundo, se encuentra de tercero entre los países más desiguales del mundo. Debería parecerme irónico que la felicidad sea igual de proporcional a la desigualdad. Aun sabiendo esto, se acepta un Tratado de Libre Comercio que supuestamente beneficiaría a la “industria” y al “consumidor”. Me imagino entonces que subirán el salario mínimo para poder consumir todos los productos que entren, y así mismo, la industria podrá vender bananos o mariposas en el exterior porque siendo sinceros son lo único que tenemos bien posicionado. Aunque una premonición sería la quiebra de todas esas microempresas que intentaban crecer, y la carencia de consumo de productos nacionales.

Ahora la idea es generar empleo, pero el único empleo viable con este tratado, es ese que se discrimina y no se aprecia, el de un obrero raso. Pero no todo es malo, ahora se enfatiza en la protección del medio ambiente, y algunos economistas y personajes públicos intentan aportar e incentivar con nuevos modelos económicos, cómo la economía verde.

Para terminar, quiero subrayar que no estoy de acuerdo con el TLC porque en pocas palabras y sin extenderme tanto, nos convertimos en la prostituta personal de los Estados Unidos. Y créanme, a mí por ejemplo, no me gusta que me esté tocando el culo un pálido y adinerado Tío Sam.

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