De la cultura y otros pesares

De la cultura y otros pesares

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Ya va reduciendo el eco que generó el golpe mortal a la cultura por parte del gobierno departamental. Hace unos días muchos rasgaban sus vestiduras al conocer que Incolballet, Bellas Artes, Inciva y la biblioteca departamental recibirían un presupuesto ínfimo que amenaza directamente su funcionamiento con el argumento de que no hay dinero, y punto final. Sin embargo habrá que preguntarse si la crisis solo es financiera, claro está, siempre lo ha sido; pero hay algo de fondo que es más decepcionante que la desidia del gobierno local, departamental o nacional, al final, esa siempre ha existido…

La cultura es vivir y sentir la historia, la libertad, los sueños, es llegar a las quintaesencias de la vida y palparlas, oírlas, disfrutarlas cada una, a través de cualesquiera interpretación o ejecución, la música, los libros, los colores, las lágrimas de quien lo ve o quien lo hace. Y entonces ¿por qué es tan difícil crear o mantener la cultura, nuestras raíces, nuestros sueños? Sencillamente porque la frialdad económica se aleja en mucho de la calurosa magia de las artes visuales, el baile, el teatro, la música, los libros y todo. Por la única razón de que las industrias creativas no producen –o por lo menos así lo creen algunos- los dividendos necesarios. Claro está, si supieran que tan buen negocio sería fortalecer la cultura lo harían tal vez por negocio, pero ni así.

Se ha relegado, y no solo en Cali, en Colombia a la cultura, a ser un cero a la izquierda, sin recursos, sin apoyo, sin voluntad siquiera y las consecuencias hoy se hacen evidentes. ¿Todavía reclaman por escritores? ¿Qué pasa con nuestra gastronomía, se está perdiendo, no la valoran? ¿El suroccidente es un tesoro cultural? Por supuesto. Pero qué pensar de una nación que es capaz de destruir un patrimonio arquitectónico único en el mundo para conceder una licencia a una multinacional…

La cultura está herida de muerte en cada mente colombiana, son pocos quienes se atreven a seguir luchando por ella, o mejor, de hacer de ella un proyecto de vida. Quienes lo hacen vivirán tocando puertas y recibiendo dadivas,cuando por el contrario, se debería tender una alfombra roja a quien nos acaricia el alma con sus suaves palabras disfrazadas de poesía, cuento, crónica o como lo llamen, o toca fibras interpretando la canción más dulce del universo multicolor al que nos ha llevado de la mano la bailarina, o el fotógrafo que es capaz de acercarse a Dios por medio de un lente…

Pero bien, así seguirá, porque no es posible avizorar algo diferente. Y como todo en este país, habrá que lucharlo para no perderlo. Para terminar este amargo relato, cierro con las palabras del poeta Miguel Caro Gamboa al referirse a la crisis de la cultura:

En el Valle del Cauca y en Cali, es decir, en esta tierra de trogloditas, prefieren escuelas de sicarios y academias de bandidos. Posiblemente el futuro de Incolballet esté en otra tierra, en otro escenario donde la ignorancia no gobierne y la indolencia no haga parte del gentilicio, y así podremos seguir recibiendo con lágrimas en los ojos a la bailadora que seguida por la luz poderosa, abre el camino para la sucesión de arpegios y movimientos que indiquen que Barrio Ballet y su legado, aún no han terminado.

Por Luis Gabriel Rodríguez

Twitter: @Lgrdelarosa

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