De la religión y otros demonios.

De la religión y otros demonios.

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Una de esas noches en la que el insomnio te coge de la mano, te aprieta el pecho y se mete en el corazón, decides intentar enfrentarlo con una película, y no cualquier película. Con el anhelo de buscarle algún sentido útil  a mi insomnio termino viendo Philomena, ¡qué gran historia, hermosamente dramática! Nominada a Mejor Película en los Oscar 2014, esta cinta dirigida por Stephen Frears, nos presenta una historia basada en hechos reales.

Carolina Herrera

Carolina Herrera

La historia de Philomena es una que ha tratado de ser silenciada durante medio siglo y habla de cómo la estricta sociedad de la época le robó a su recién nacido y la condenó a ingresar en un convento como castigo por quedar embarazada. Junto con un cínico pero maravilloso periodista esta mujer que llevaba 50 años buscando a su hijo deciden  unir sus fuerzas y se embarcarán en un viaje inolvidable entre dos continentes en busca de la verdad y de la justicia.

Algunas personas para no entrar en conflicto con los demás ni con ellos mismo deciden no discutir  acerca de sexo, religión o política. En cambio a mi estos tres temas me encantan, me gusta tocar esos fondos que aún hacen escozor en la sociedad, porque seguimos siendo un mundo de doble moral, de mojigatería pura y dura en donde el bien privado prevalece sobre el colectivo.

Entrando en materia, Philomena es una maravillosa película que  toca el corazón, salí herida después de verla, sentí que iba a ser yo la que no podía perdonar a esas malévolas monjas, lloré, desperté a mi hermana y le exprese entre lágrimas lo injustas que me parecían las religiones, Monny (Mi hermana) me entendió completamente, pues fue realmente ella la que me recomendó la película.

Tenía rabia, rabia  de qué le arrebataran a Philomena a su pequeño Anthony, a ese niño que parió con tanto dolor. No tengo hijos pero llegué a sentir la desesperación y el  enorme vacío de lo que puede  llegar a ser perder auno. Tenía rabia, rabia de que juzgaran a Philomena por un acto natural como es el sexo y pesaran  que era merecedora de tanto dolor, sentía rabia porque aquellas monjas que le quitaron a  su hijo nunca le contaron nada acerca las relaciones sexuales, nunca le explicaron que tenía un clítoris y mucho menos nunca le dijeron que los hijos no los trae las cigüeña.

Entre 1922 y 1996, las siniestras monjas irlandesas de las lavanderías de las Magdalenas (de las Hermanas de la Misericordia) abusaron, explotaron y maltrataron a unas 10.000 mujeres. Víctimas de la crueldad de las religiosas, estas jóvenes que sufrieron maltratos físicos y psíquicos, vieron, además, cómo les robaban a sus bebés. Peter Mullan contó al mundo esta historia en 2002, en su película Las Hermanas de la Magdalena (ganadora en Venecia y en los BAFTA). Ahora, otro grande del cine anglosajón, Stephen Frears, vuelve sobre esta tragedia, con Philomena. ¡Una película que debería ver la iglesia!

Y a pesar que a veces uno a través del cine intenta escapar de su propia  realidad, es maravilloso ver como este es capaz de visibilizar y sumergir en  las realidades de otros, de contar, narrar, denunciar  y sobre todo hacer un poco de justicia. Qué grande es el cine, pero qué grande es Philomena, quien a pesar  de ser víctima de la religión, tiene lo más hermoso y envídiale que ésta puede llegar a otorgar, la fe y el perdón cualidades que residen en esta mujer.

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