De película

De película

Luis Gabriel Rodríguez

Luis Gabriel Rodríguez

Me he dado cuenta que en Colombia están pasando cosas increíbles, oh sí, ya nadie debe envidiarle nada a Hollywood, las balas, los rescates a sangre y fuego, los golpes, la furia desmedida de un héroe para rescatar a un hombre bueno que ha sido secuestrado por la mafia. Es tanta la fantasía de dichas películas, que pueden convertir al peor villano en un ejemplo a seguir, y pueden lograr que la persona más indeseable sea el hombre a rescatar, y que cuando se lo libere todos lo celebremos como si hubiésemos sido nosotros quienes golpeamos y pasamos por encima de cien villanos. Sin duda, la adrenalina se siente.

Todo eso, que en nuestro país pareciera imposible de lograr, ya tiene su sello “made in Colombia”, el problema es que no es ciencia ficción, acá es una realidad, una difícil pero cruel realidad.  En estos días el país quedó sorprendido al ver en las noticias cómo miembros de una banda criminal rescataron a sangre y fuego a un presidiario cuando se encontraba en una revisión médica en un hospital. El cuento fue impresionante, cinco tipos con metralletas llegaron, uno de ellos tenía lista la camioneta para el escape, otro intimidó al vigilante del lugar y a los presentes, ellos se tiraron al piso, boca abajo, con las manos en la cabeza; y los otros dos entraron a rescatar al recluso… en menos de dos minutos salieron con él y huyeron repartiendo bala a todo el mundo.

Que escena más emocionante, el que lo niegue tiene doble moral. Sin embargo, el suceso es una radiografía de la crisis social que invade nuestro país. Aquí no se rescató a un inocente, sino a un delincuente, no lo hicieron buenos hombres sino una banda criminal y no capturaron a los malos sino que intimidaron a los buenos, con un único fin, quitarle la custodia de un criminal al Estado para llevarlo de nuevo a las calles a seguir traficando, asesinando, extorsionado etc. Todas las actividades propias de un narco, un paramilitar, un sicario o cualquier persona que haya decidido tomar para su vida el camino del delito. Solo escribirlo da escalofríos.

Pero lo preocupante en este caso, es que la reacción ante el hecho, es la típica de los colombianos: echar la culpa, a la policía por no estar presente, al INPEC por no tomar las medidas necesarias, al gobierno por sí o por no, a los medios de comunicación por amarillistas o parciales o imparciales, a todos por todo y por nada; cuando la realidad dicta que vivimos crisis profundas, el problema no está en el delincuente que rescataron, el problema radica en que vivimos en medio de bandas criminales, que la seguridad en nuestro país es una ilusión y que cada época ha tenido su verdugo, venga de donde venga: guerrilla, paramilitarismo, narcotráfico, banda criminal o lo que sea. El país no ha cambiado, lo que cambian son los tiempos y nada causa conmoción porque ver en noticias guerra, homicidios, agresiones físicas, violencia intrafamiliar, violencias contra las mujeres, eso es normal, en Colombia es normal.

Desde niño entendí que en Colombia todo era diferente, cuando miraba películas gringas en televisión me asombraba cuando los niños iban en bicicleta, llegaban a su casa y entraban corriendo ¡imagínense! Dejaban sus bicicletas tiradas en los andenes ¡por Dios! Que maravilloso, pero siempre supe que eso pasaba en otro lado y lo comprobé cuando a una prima le robaron su bicicleta. Hoy puedo decir que aprendí a vivir y a querer a mi país, y mejor a luchar por él. Es una lástima que acá todo pase al revés, que  no aprendamos a hacer buen cine y sí a hacer rescates fantásticos, pero al final, todo muestra que Colombia vive en medio de la violencia, así muchos quieran decir que no. Quiero concluir con el título de una columna de otro claviano, esta es: la guerra que nos habita.  Y somos los jóvenes los llamados a cambiar la cultura violenta de este hermoso país, para que no sea un criminal el rescatado y sí seamos los colombianos los que rescatemos la paz.

Luis Gabriel Rodríguez de la Rosa

Lgrdelarosa@gmail.com

@lgrdelarosa

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