De refritos y otros crímenes

De refritos y otros crímenes

Tengo que confesarlo, desde siempre he despotricado de la televisión nacional, no sólo por sus telenovelas cursis y melosas, sus programas de concurso baratos y la detestable manía de pasar una y otra vez películas de Steven Seagal todas las tardes del sábado, sino también por la nueva y odiosa tendencia a tomar series gringas que han tenido cierto éxito para convertirlas en novelas. Las versiones de Amas de casa desesperadas y Greys Anatomy que se adaptaron a la televisión nacional no alcanzan ni la calidad en producción ni en narrativa que poseían las series originales.

Pero este no es sólo un mal de la televisión nacional, los gringos sufren de un síndrome similar, lo que aparentemente sucede es que hay una terrible sequía de ideas en el mundo, y por eso se han puesto tan de moda los llamados refritos, grandes seriados de años pasados que vuelven a la pantalla con un nuevo formato, pero con la misma historia.

Esta criminal tendencia ha masacrado series de la talla de El Auto Fantástico y V la batalla extraterrestre, eso en la tv, sin tener en cuenta las que tuvieron la desgracia de contar con una versión en cine, que aunque más corta, no deja de ser indignante, como sucedió en el caso de  Starky y Hutch, y Los Magníficos.

Ojo, no quiero decir que estas son las grandes producciones de la televisión mundial, pero para aquellos que las vimos en nuestra tierna infancia a través de la parabólica del barrio (también conocida como perubólica, por su contenido casi exclusivo de canales peruanos) nos parece una vergüenza que consideren que con poner un par de actores bonitos y contar acciones relativamente similares a la original se pueda evitar invertir en nuevas producciones y en historias interesantes.

A pesar de que producciones nuevas de la talla de Lost o Prision Brake han tenido un éxito rotundo a nivel mundial, las productoras norteamericanas ahora anuncian que van a volver a lanzar Los Angeles de Charlie (que además cuenta con dos infortunadas versiones cinematográficas), que probablemente va a resultar en una multimillonaria producción con tres hermosísimas mujeres que no tienen la menor idea de actuación, pero que aun así se atreven a combatir al crimen en cámara.

Si el problema real está en la carencia de nuevas e innovadoras historias, por lo menos deberían invertir en actores creíbles y en guionistas creativos que den giros innovadores a las historias, y no insultar la inteligencia de los telespectadores creyendo que mostrando cuerpos apretados y locaciones espectaculares van a quedar enganchados con la historia. Los grandes seriados de la televisión no pueden sufrir el mismo destino de las franquicias cinematográficas, que se explotan indiscriminadamente con historias cada vez más ridículas, ejemplo de esto son las últimas dos versiones de Xmen, donde ni siquiera se tomaron el trabajo de terminar juiciosamente la postproducción para que los efectos se vieran creíbles.

Ante este triste panorama solo nos queda esperar que los realizadores nacionales descubran el agua tibia, y en los próximos meses inunden las pantallas con refritos de Gallito Ramírez, La mujer del presidente, Café con aroma de mujer y Betty La fea.

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