De supuestos y presunciones.

De supuestos y presunciones.

Julián GutiérrezCuando somos unos tiernos pequeños siempre tenemos el estímulo de nuestros padres, amigos y familiares para imaginar, para recrear mundos y realidades ajenas al trasegar que llevamos por éste planeta, para moldearlas y divertirnos con ellas en nuestros juegos diarios, para soñar y dar rienda suelta a nuestras fantasías. Esa, nuestra imaginación, es la fuente de nuestra creatividad.

Pero rápidamente aprendí, gracias a las cosas de la vida, que una cosa es el uso de nuestra imaginación para la innovación, el entretenimiento, el trabajo, la relajación o el simple placer de usarla; y otra muy diferente es dejar que la belleza de esa imaginación nos extravíe de las realidades en las que nos movemos. Que no podemos permitirnos dejar de tener en cuenta a la vida misma, lo que sabemos de ésta y de sus características que percibimos día a día para empezar a reemplazar nuestras experiencias con ciertos “dogmas” como primera fuente de decisión y de comportamiento frente a los sucesos de la existencia.

Sin embargo, con salir a dar una vuelta, con husmear aquí y allá o con ver la vida pasar se percibe que as cosas van hacia otro lado el anuncio publicitario del paradero presume que todos tenemos un smartphone (personalmente yo no he tenido el primero) y sabemos acerca de códigos QR; la mayoría pensamos que nuestras embarraditas tipo “sólo es un papelito que tiro al piso” no son gran cosa porque todos los demás hacen lo opuesto cuando ellos piensan lo mismo; suponemos que aquel que va allá con ciertas facciones o vestimenta o caminado y otros atributos fijo fijo nos va a robar, es satánico, “mete vicio” o es un pobre nerd; que los homosexuales “corrompen a nuestra juventud”; que quien piensa diferente nos tiene bronca o lo hace por “hacerse el popular” etc. Ejemplos hay miles.

Si éstas y las muchas otras asunciones sólo se quedaran en “tontadas” fáciles de corregir ¡vaya y venga!; pero, están invadiendo esferas en donde ya no se pueden tomar con la misma frescura. Ahora resulta que llevar internet, computadores y tablets al campo automáticamente pone a los niños y jóvenes campesinos en igualdad educativa respecto a nosotros los citadinos, cuando está plenamente demostrado en estudios del BID que no es suficiente; que la mera indignación y avalancha de estados críticos en redes sociales hace una democracia más fuerte y nos transforma en mejores ciudadanos en lugar de tener un pensamiento político estructurado y coherente que evite que delfines como Simoncito lleguen allá a aprobar leyes sin leer y pues no, no es así.

Hay que salirnos de la burbuja de nuestros imaginarios, abandonar pensamientos apresurados, dejar de ser tan prevenidos y empezar a derrumbar esos dogmas autoimpuestos para acabarles el arriendo a las implicaciones que viven en nuestra cabeza y que dejen de ser ese “atajito” sencillo que siempre tomamos para evitar actuar ante ciertos hechos, reconocer algunas situaciones, afrontar sucesos y realidades o reaccionar ante los retos que la vida nos pone.

@JulianEGArdila

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