De toques, roces y manoseada en el MIO

De toques, roces y manoseada en el MIO

manoseada

Por Luis Gabriel Rodríguez de la Rosa
@lgrdelarosa

Sin duda, los usuarios del transporte masivo MIO en Cali vienen soportando las problemáticas propias de un sistema colapsado y en crisis, retardos injustificados, ausencia de flota suficiente para satisfacer la demanda de la población, aumento de tarifas, prestación del servicio sin las condiciones mínimas, entre otros. De manera que existe una problemática que viene creciendo en el silencio cómplice de las autoridades, de los mismos usuarios y en la ineficacia del sistema de justicia, que incólume, se lava las manos ante la ausencia de una normatividad, que permita judicializar a los agresores.

De manera que los toques, roces y manoseadas en el MIO o en cualquier otro transporte público no son simplemente actos aislados, ni de poca importancia, son constitutivos de acoso sexual, y ante la vulneración del derecho a la libertad sexual, estos hechos deben tener una consecuencia jurídica.

En Colombia la problemática viene creciendo, las cifras son escasas pero la situación parece haberse exacerbado. En el caso de Bogotá el impacto se viene generando debido a la cantidad de casos que se presentan, en una encuesta realizada por la Secretaria Distrital de la Mujer, hecha a 17.399 personas. 64% dicen haber sido víctimas de alguna agresión sexual en el transporte público.

En Cali, los datos son mínimos, la problemática no se evidencia, no existe una percepción real de la situación, y si se pregunta a los usuarios del MIO, estos no ven el problema como una amenaza, sin embargo, el acoso sexual está presente, y caminando entre las sombras, crece y se hace más peligroso. Ahora bien, no hay que esperar a que la situación alcance cifras inverosímiles para atender el asunto, del cual, son víctimas en su mayoría las mujeres.

Los problemas de seguridad en Cali se hacen evidentes, y todos somos objetivo de los delincuentes. En días pasados, una mujer fue atracada en las afueras de la universidad del Valle, un sujeto se le acercó y con un arma la amenazó, la llevó coaccionada caminando una cuadra y en medio de insultos e intimidación le hurtó su celular y la dejó ir… el trauma que le generó es de magnitudes impresionantes. Las mujeres son víctimas de violencia de género, de ataques con ácido, y ahora de acoso sexual en el transporte público, es decir, no pueden ir tranquilas a su hogar, a su trabajo o a su universidad, porque en las calles tienen enemigos que pretenden hacerles daño de una u otra manera.

El tema del acoso sexual se agudiza con la ausencia de un tipo penal que permita judicializar a los agresores. El acoso sexual en el transporte público se denuncia (cuando lo hacen) y los jueces no saben cómo aplicarlo; enmarcarlo en un acoso sexual en derecho es imposible porque consideran que no se trata de una acción violenta; por lo tanto, los jueces aplican otra norma denominada injuria por vía de hecho, que no castiga el acoso sexual; en palabras de la Abogada Mildred Hartman, “sin duda cuando un hombre toca a una mujer sin su consentimiento y con malas intenciones, lo que está buscando es agredirla sexualmente, no generar un insulto”.

Por tales razones, se debería pensar más en atacar el problema y no permitir que tome fuerza. Se requiere urgentemente una norma que castigue a los agresores, después, podría ser demasiado tarde. ¡Los acosadores están deseosos de otra manoseadita en el MIO!

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