Decir NO, es tan fácil como escribirlo.

Decir NO, es tan fácil como escribirlo.

Si algo he aprendido en estos casi 30 años es a hablar: dónde, cómo y cuándo sin miedo a ser señalada y sin pena porque de pronto sea una bobada, cursilería o en su defecto una “mañesada”; prefiero aguantarme las risas de la gente, el calor en la cara, el sudor en las manos, los nervios y seguir; eso, creo yo me ha hecho fuerte, con criterio y menos boba.

En ese proceso aprendí e inventé palabras, también a decir, pronunciar, interiorizar y racionalizarlas; una de las más importantes ha sido “NO”. Es una palabra de apenas 2 letras, sencilla para pronunciar y contundente, pero expresa negación y parece que eso es la hace tan difícil para la mayoría de las personas. A mí me parece simple, en ocasiones la sigo diciendo con la facilidad de cuando tenía 3 años: “no quiero sopa”, “no voy a hacer las tareas”, “no me gustas”, “contigo no salgo”, “no estoy de acuerdo”, “no me interesa”. Y seguramente muchas veces ha sido por rabieta, no porque sea consentida, mimada o como le queramos llamar, mucho menos por ser la niña de la casa (porque doblo en edad a mi hermana menor), sino porque “hay que ser muy parado en la vida”, es lo que siempre me han dicho mis tíos, unos señores barrigones, de sombrero y poncho, jubilados y felices. Esa frase que mis papás sustentaron siempre con otra: “cuando es no, es no.”

La gente deja de decir no para evitar conflictos, pero acaso ¿la confrontación es mala? somos animales sociales y ese tema es inherente a nosotros. También dejan de decir no, para que el otro no se sienta mal, porque qué pesar, pero ¡a lo bien! es más horrible ese sentimiento. Dejan de decir no ¿por miedo a no ser aceptados? Yo les recomiendo que se entrenen para decirlo, porque decir si a todo tiene sus problemas y para nada pequeños, he conocido personas que  empiezan a comprometerse con más y más cosas hasta tal punto que su vida personal pasa a un segundo plano y eso debe agotar igual o más que cualquier jornada laboral o que estrenarse como papá y muy probablemente terminen fracasando en sus propósitos.

Digan de vez en cuando no y sientan ese airecito de tranquilidad, qué es el que a mí me ha llevado por la vida, haciendo lo que me gusta y realmente quiero; porque decir no, siempre fue, es y seguirá siendo una palabra que me lleva a no perder mi identidad.

 

 Hay que decir  “no” a mil cosas para estar seguro de que no te estás equivocando o que intentas abarcar demasiado.

– Steve Jobs –

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