Desenchúfate.

Desenchúfate.

Sí, debo confesarlo, las telenovelas nacionales me producen urticaria; el rito de tomar el control y sentarse cómodamente frente a un sillón durante horas queda en otras manos, en las cerca de cuarenta y siete millones de “campeches”, como los llama Gustavo Bolívar, que todas las noches se disponen a disfrutar de la “selecta” y “variada” programación que ofrecen RCN y Caracol. Soy alérgica a los canales privados; privados de calidad, conciencia y definitivamente, de escrúpulos.

Hoy en día la televisión, no sólo podría ser reconocida como el  cuarto de los Poderes Públicos, también hace evidente su papel protagónico en los procesos culturales y sociales que se gestan. Resulta inconcebible que en un país como el nuestro, golpeado y aún herido por una guerra que nos ha azotado por más de 50 años, el medio de comunicación más fuerte sea capaz de desconocer su responsabilidad como agente de cambio, dedicándose exclusivamente a generar montañas de dinero para los más ricos.

“Pandillas, Guerra y Paz”,  “Sin tetas no hay paraíso”, “El Capo” y “Los tres caínes”, son sólo algunas de las producciones que se han posicionado como número uno en los indicadores de audiencia; producciones que repiten una y otra vez al unísono: narcos, prepagos, paracos, violencia, sufrimiento, sangre; ¿será que los colombianos necesitan “conocer” la historia por medio de éste híbrido documental – ficción para no repetirla?, ¿acaso los diálogos que se manejan, no dejan entrever claramente sus propósitos?, sería bueno preguntarse y plantearse la razón por la cual Gustavo Bolívar, director y guionista de todas las producciones ya mencionadas hace alusión en sus discursos a la “industria” televisiva, ¿desde cuándo el dolor ajeno es la base de una industria?.

Lo cierto, es que la representación amañada de la historia por medio de una novela es un buen negocio, o que lo diga Caracol que se embolsilló 12.000 millones de pesos con “Escobar, el patrón del mal”.

Dentro de ésta carrera por conseguir rating, posicionamiento y por supuesto, dinero, las temáticas a tratar lastimosamente caen cada vez más bajo; el caso concreto de “Los tres caínes” ha generado fuertes críticas, es imposible no sentir rechazo por una telenovela inspirada en tres de los asesinos más ruines que ha visto parir nuestra tierra, en su afán por “reconstruir” memorias se vulneran noche a noche los recuerdos de aquellas miles de víctimas; haciendo apología al crimen, mostrándolos como próceres, señalando a sindicalistas, izquierdistas y pensantes como “terroristas”;  trivializando la violencia, una vez más.

Se han venido adelantando campañas en contra de éste producto, argumentando claramente que es imposible reconstruir una realidad desde el punto de vista de los victimarios, algunas empresas se han unido a la causa.

Dentro de dicha polarización surge una pregunta: ¿dónde está el Estado?, ¡Ah sí!, los Ministerios de Defensa, Educación y la Fiscalía ya andan pautando en Prime Time.

Infinitas razones tengo para no encender el televisor, no creo que producciones como éstas sean los laxantes necesarios para un país que no ha digerido aún las dimensiones del conflicto. Necesario resulta, como leí por ahí, “apagar la tele y encender la mente”.

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