¡Desmovilícese!

¡Desmovilícese!

El Programa de Reintegración Social y Económica para personas y grupos alzados en armas de la Alta Consejería para la Reintegración de la Presidencia de la República, dejó de ser voluntario para convertirse en obligatorio. En Cali, por ejemplo, se desmoviliza una persona al día y se estima que en total existen mil excombatientes, certificados por el Comité Operativo para la Dejación de Armas (CODA), cuando salen de los Hogares de Paz, situados en las áreas rurales de las principales ciudades del país.

Una vez en el programa, el desmovilizado se convierte en un participante (dada la estigmatización del programa), escogiendo la ciudad donde quiere vivir con su familia. Usualmente, escogen lugares distintos a donde anteriormente operaba el grupo armado al que pertenecía, con el objetivo de comenzar a recibir atención psicosocial, educación, salud, formación para el trabajo y generación de ingresos, ya sea por medio de un empleo formal o de un plan de negocios.

El apoyo económico, que es un poco menos que el salario mínimo, está condicionado a que el participante cumpla con todos los procesos mencionados y adquiera competencias en resolución pacífica de conflictos, proyección, orientación al logro y relaciones asertivas. Además, según los profesionales que dirigen el programa, el apoyo económico se debe a que es tal la intensidad horaria, que el participante no tiene tiempo para trabajar. Y los que sí tienen tiempo para continuar delinquiendo, no superan el 1 por ciento en Cali y el 5 por ciento en el resto del país.

Sus edades oscilan entre 18 y 35 años y su principal problema consiste en conseguir un empleo formal, porque la empresa privada siente temor de contratarlos, a pesar de los beneficios tributarios que ofrece el gobierno. Y en la Ley del Primer Empleo no hay cama para tanta gente, porque su propósito es también cubrir a los menores de 28 años, a las madres cabeza de familia y a los desplazados de la violencia.

En el Programa de Reintegración Social y Económica para personas y grupos alzados en armas de la Alta Consejería para la Reintegración de la Presidencia de la República, no entienden por qué en Cali reciben más apoyo de la gobernación que de la alcaldía. Pero su mayor preocupación es la estigmatización de un programa, que está arrebatándole mujeres y hombres a la guerra. Aunque para ser sinceros, aún les hace falta terminar de estructurar la etapa más importante de todas y es la reparación simbólica, que deben hacerle todos los victimarios a las víctimas…

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