El dinero y la salud

El dinero y la salud

Jaír Villano

Jaír Villano

Si usted ha sido víctima de la desidia médica o si es de los que va al Centro Hospitalario y lo devuelven con Acetaminofén y la frase según la cual su síntoma es producto de un virus que anda,  debe saber que al autor intelectual de esta desgracia y de la de millones de colombianos que no tiene quién los atienda o  no cuentan con la cura ad hoc porque el medicamento que demanda su enfermedad no está incluido en el Plan Obligatorio de Salud  (POS), es uno de los críticos más acérrimos del actual sistema, es conchudo y al parecer tiene mala memoria, pues fue él, Álvaro Uribe Vélez, quien en 1991, cuando era Congresista, defendió a ultranza lo que hoy se conoce como la Ley 100 de 1993. La misma que tiene en crisis al sector.

Debe saber estimado colombiano que SaludCoop, la EPS que según un estudio de la Contraloría General de la República (CGN) desvió 3 billones de pesos con los cuales se hubiere podido cubrir el POS de 5 millones de colombianos por un año, fue la entidad que auspició la reelección del susodicho sujeto, además de financiar campañas de partidos como el Liberal, Conservador, Cambio Radical, entre otros.  Debe saber que altos funcionarios, verbigracia, los ex ministros Juan Carlos Echeverry y Sergio Díaz Granados (actual presidente del partido de la U), han asesorada a las EPS. ¡Asesorado a las EPS, es decir han vislumbrado cuál es el mejor camino…!

Ahora bien, usted seguramente ha escuchado que la culpa del actual sistema recae mucho en las EPS, pero, entonces, ¿por qué son tan fundamentales, cuál es su papel?

Resulta que las EPS (Empresas Promotoras de Salud) son las intermediadoras entre los recursos y la prestación de servicios –como sabrá un colombiano paga el 10 % del salario en aras de este, y a los pobres el Estado, en teoría, les subsidia el aseguramiento–. Estas intermediarias surgieron a partir de la Ley 100 de 1993, antes era el Estado el responsable de garantizar la prestación de servicios a todos los colombianos; para tal efecto enviaba dinero a las secretarías departamentales, municipales y los hospitales públicos. Sin embargo, la sociedad vivía con la dependencia del presupuesto estatal y ello, además de los casos de corrupción de los Seguros Sociales, llevó a que se emulara el modelo de Chile, el cual consiste en que las personas pagan una parte de su salario en interés de recibir, junto a su familia, un plan básico de salud. Finalmente, las encargadas de garantizar dicho servicio, pero además gestionar los cobros y administrar los recursos, son las EPS (Semana  4/11/2013), las cuales son financiadas por el Fosyga, entidad que les entrega el dinero por prestación de servicios incluidos en el POS.

Estos dineros producto de los impuestos y los parafiscales, esto es recursos públicos, son denominados Unidades de Pago por Capitación  (UPC). Así, cuando se le otorgó el dinero a las EPS por UPC, lo que debieron hacer estas, a decir de Mario Hernández, profesor de la Universidad Nacional, es separar la plata: “el 10 % para administración  y el 90 % para servicios de salud, para pagarle a los prestadores una vez iban siendo atendidos”.

No obstante, esto no se hizo, y hay quienes señalan que el círculo vicioso que hoy tiene en crisis a la salud estriba en que el Fosyga no les pagas a las EPS, las EPS hacen lo propio con los hospitales, los hospitales a sus empleados y quienes padecen son los pacientes.

Pero no podemos ser tan ingenuos, toda vez resulta que los dineros que llegan a las Empresas Promotoras de Salud son desviados en campañas políticas, clubs de fútbol, canchas de golf, entre otras excentricidades, para constatarlo baste con ver el estudio de la CGN, que sostiene que el 50 % de los recursos para la salud han sido malversados.

Lo anterior muestra de dos tesis que apuntan a la falta de dinero y el despilfarro y detrimentos del mismo. Un funesto rifirrafe.

Así, pues, la entidad encargada de la no proliferación de estos casos es la Superintendencia Nacional de Salud,  pero como dicen muchos congresistas esta se hace la de la vista gorda. La Contraloría difunde estudios que muestran los perjuicios de las EPS, pero la impunidad permanece incólume.

El Fiscal General de la Nación, Eduardo Montealegre, por ejemplo, se declara impedido porque en su momento prestó sus servicios a SaludCoop, la empresa con más afiliados al país y la segunda con más quejas.

Santos y Gaviria propenden una reforma con cambios semánticos, pero no estructurales.  Señalan que  ya no más EPS, que una vez aprobada la reforma serían Gestoras de salud; qué no más Fosyga que la entidad de la empresa sería Salud Mía;  qué adiós al POS, que ahora es mi PLAN (el mismo POS con la inclusión de otros medicamentos).

El galimatías es de tal magnitud que las batas blancas hicieron presencia en todo el país, y es que ellos saben que aunque el mono se vista de seda mono se queda.

Ah, dicen los sabios que el dinero sólo sirve para satisfacer deseos materiales, pero en Colombia se necesita dinero para no vivir los desmanes de un servicio precario y nefasto como el que brindan las EPS.

Este texto está basado en el excelso trabajo del equipo de Contravía  (que es transmitido los sábados después de Noticias Uno, sí cuando usted y yo vamos por la tercera cerveza).

Véase: “Salud: problema de todos, negocio de pocos”.

Por Jaír Villano

Comments

comments