El error de Abelardito

El error de Abelardito

El error de AbelarditoPor Esteban G. Ardila
@EstebanGArdila

Colombia, el país del sagrado corazón, donde pasamos con rápidos afectos de aforismos tan arraigados como “Esa es una pregunta muy difícil” al “¿Usted no sabe quién soy yo?” ha debido presenciar una nueva joya cortesía de nuestro Lionel Hutz, Abelardo de la Espriella: “La ética no tiene nada que ver con el Derecho”.

Para salvar un poco el honor de nuestra ya desprestigiada carrera, que gracias a la perla que acaban de leer ya no está bajo el piso sino cerca de llegar al núcleo del planeta, quiero aprovechar la oportunidad para aclarar una o dos cositas acerca de la renombrada frase dicha por Abelardito.

Dentro de la teoría del Derecho, podemos distinguir dos posiciones –que no son las únicas- muy claras y que entran en conflicto constantemente sobre la relación entre derecho y moral. La primera, conocida como positivismo jurídico, cree y defiende firmemente la idea de que tanto el derecho como la moral, siguen caminos separados y, en consecuencia, los asuntos que se rigen por el derecho deben resolverse sólo por éste, sin que la moral sea una “metiche” que ejerza influencia en quien tome las decisiones. La segunda, denominada iusnaturalismo, considera que existen en el mundo ciertos principios o normas de carácter moral (sea porque provienen de Dios o porque pueden deducirse usando el meollo) a los que ni siquiera el Derecho puede escaparse con una actitud del tipo “No oigo, no oigo; soy de palo, tengo orejas de pescado”.

Usaré el ejemplo que empleó Mauricio García Villegas en su columna más reciente: en un parque hay una norma que dice “prohibida la entrada de vehículos”. Ahora bien, imagínense que a una persona en ese parque le da un patatús y, posteriormente, llega la correspondiente ambulancia al lugar para atender el incidente. Un positivista (y uno bien radical) diría que, a pesar de la situación, hay que obedecer la norma, por lo que no se debería dejar entrar el vehículo. En cambio un  iusnaturalista*, sin lugar a dudas permitiría y pediría hacernos los de la vista gorda frente al incumplimiento de la norma porque se busca un fin superior que sería el salvar una vida. Ese era – palabras más, palabras menos y perdonarán lo chambón mis profesores- el punto que quería dar a entender

Aberlardito. Obviamente, él, como nuestro Lionel Hutz más carismático, acostumbrado a dar declaraciones faranduleras e inoportunas así como jurídicamente imprecisas, confundió la moral con la ética, que es mucho más personal y subjetiva, ergo, más difícil de definir.

El error de Abelardito, probablemente se le ocurrió un nuevo vino para vender bajo su sello mientras daba esa declaración, ignora por completo que en el derecho -especialmente en la administración de justicia donde trabaja su defendido, el controvertido magistrado Pretelt- la ética es relevante y tiene mucho que ver, tanto, que diría que es casi consustancial dada la importancia de los asuntos que un juez resuelve y que tienen incidencia en la sociedad y las vidas de las personas involucradas en la solución de un caso concreto. El obrar éticamente permite que los ciudadanos confíen en que las decisiones de los jueces obedecen a razones jurídicas y no a “chanchullos” ni acuerdos escondidos y corruptos.

Sin ética, de nada sirven títulos y cartones de diplomados, especializaciones, maestrías y doctorados.

 

* El Iusnaturalismo o Derecho Natural es una teoría ética y jurídica que defiende la existencia de derechos del hombre fundados o determinados en la naturaleza humana, universales, anteriores y superiores (o independientes) al ordenamiento jurídico positivo y al Derecho fundado en la costumbre o Derecho consuetudinario. Véase fuentes del Derecho.

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