El Manicomio está en las calles

El Manicomio está en las calles

Sebastián ParísTodos sabemos qué es un manicomio –ahora por la formalidad y la humanidad que llevamos dentro dejamos de tratarlo de forma despectiva y lo llamamos hospital psiquiátrico–. También, sabemos para qué fueron creados, y qué llevan dentro: Muchas personas que necesitan tratar sus enfermedades mentales.

El cine, la televisión, los hombres de afuera, yo, lo imaginamos como un lugar tenebroso, oscuro, y lúgubre, donde las demencias más espeluznantes son expuestas, donde todos los que allí residen están locos o guardan algo de locura. Personas corriendo en batas sin sentido alguno de sus acciones, o gente mirando el vacío mientras se le suministra alguna especie de droga. Y sí no, lo más normal hoy en día, gente deprimida.

Suponemos que con sólo estar allí dentro podríamos infectarnos, como si la locura fuese un virus o un mal indeseable. Pero no, nada de eso, quizá es allí donde está la gente que realmente vive, y no sólo viene al mundo a existir. Existimos desde que nacemos, pero empezamos a vivir en el momento que realmente descubrimos la conciencia. Y es por eso que aquellos “locos” –como los llamamos muchos a esas personas que perciben la realidad de otro modo– están allí, encontrando su lugar en el mundo, siendo ellos mismos, siempre, siendo ellos mismos, con miedos, miedos como los que tenemos todos de no encajar en la sociedad, de no ser quien espera todo el mundo que seamos.

Pero el manicomio o los hospitales psiquiátricos no son los que refugian y tratan a los locos, en absoluto, son más bien, los lugares de residencia de la gente que desea vivir a su modo. Mientras que la calle, en está rutinaria sociedad, en está selva de escombros y masacres, sí que residimos aquellos que estamos locos. Es aquí, en el semáforo, en el autobús, en la calle y el trabajo, donde están los locos. Es todo esto, un manicomio.

Pregúntese si no es locura esa vida que llevamos, por simpatías a nuestros padres cuando decidimos estudiar lo que ellos imponen sacrificando sueños e ilusiones. Pregúntese si no está loco aquel que ve en el dinero el éxito y la satisfacción, cómo es posible que una meta personal de vida sea tener dinero ¿Y luego qué sigue después de obtenerlo? ¿Retirarse para vivir? ¿Dejar que la vida pase hasta el momento que tienes dinero, cuando es en ese momento que ya no vale la pena vivir?

Cuestione si no está loca esa gente que vive sin más, haciendo lo mismo, viendo lo mismo, leyendo lo mismo, ganando el mismo salario de siempre, esa persona que lo único diferente que hace es ver telenovelas, o ir a misa los domingos. Pregúntese si no está loco ese joven que lo único destacable en su vida es entrar a Facebook.

Está loca esa gente que decide crear muros que no dejan que las emociones de otros los contagien, locos están aquellos que hablan de banalidades con sus amistades esperando ser aceptados, y están realmente locos, aquellos que esperan reconocimiento de otro que está loco por ser igual al resto de la gente.

Loco somos todos nosotros que creemos que lo correcto es lo que la mayoría dice. Loco estamos nosotros que hemos frustrado nuestros sueños teniendo miedo de ser diferentes. Locos estamos todos nosotros, los únicos seres vivos que en medio de noticias desagradables almorzamos.

Por eso amigo, le cuento, que está encerrado en un manicomio.

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