El país más hipócrita del mundo

El país más hipócrita del mundo

Laura Ballesteros

Laura Ballesteros

Nuestro país es reconocido por ser uno de los países más “felices del mundo”, además de su amabilidad y atención,  pero leyendo y escuchando comentarios al respecto de personas extranjeras, se dice que esto solo sucede porque somos los más hipócritas del mundo. La verdad, me sorprendió y entristeció un poco hallar esta perspectiva que para nada creo propia, pero analizando el trasfondo también encontré que tienen algo de razón. Si bien existen personas que ofrecen su amabilidad sin interés alguno, nos encontramos en una sociedad donde “el perro baila por la plata” y la sonrisa no se le niega al dinero.

Las condiciones socioculturales, empezando por la cultura del dinero fácil y la falta de oportunidades, constituyen una fórmula fatal. Los antecedentes históricos precedidos por el narcotráfico, además de nuestra malicia heredada, han degenerado las relaciones interpersonales hasta el punto de que se midan por el nivel de beneficio económico que constituyan. Y ni hablar de ese pensamiento…. Ni sé cómo catalogarlo… donde las mujeres se venden al mejor postor para mejorar su calidad de vida, independiente de si no pasan de los 20 años y los hombres tienen más de 40, traducidos en la frase, “consígase un marido rico o un extranjero que la saque a vivir bien bueno”.

Además, no pierden oportunidad para hacer caer, o sacarle provecho al prójimo y más si es de afuera, pues muchas veces los mismos depositan la entera confianza en los habitantes del país, y como pago, se les cobra de más o son despojados de sus pertenencias, en el mejor de los casos. Tampoco digo que los susodichos sean los mejores visitantes, empezando por sus inequívocos sobre la cultura, y lo subestimados que nos tienen, pero no por ello hay que adoptar una actitud rencorosa o aventajada. Al contrario, hay que redirigir el pensamiento a comportarse de una mejor manera, a la altura del título amigable que se nos otorga, a dejar de excusarnos en los comportamientos ajenos para actuar y proponer el cambio desde el ámbito personal, para así reproducirlo a todos los entornos microsociales que nos rodean.

La amabilidad y los buenos gestos son fundamentales, pero valen más cuando son iniciativas movidas por la sencillez y la honestidad y no por el interés. Existen muchas excepciones, claro está, de personas que poseen el carácter suficiente de enfrentar su vida con la verdad y la pertinencia del caso. Es por eso que invito al lector, a tener la suficiente honestidad con los demás y consigo mismo, para reproducir una atmosfera más apta para el tejido social de los colombianos, así como para acoger a futuro a los que quieran visitar nuestra amada Colombia. Que el país sea recordado (además de su riqueza natural, mineral y sus hermosos paisajes) por la amabilidad de su gente y su transparencia, y así de paso, teniendo una mejor actitud y disposición social, podamos crear cambios significativos a nivel estructural, movidos por la transición, el desarrollo y la reproducción de prácticas más sanas para la sociedad.

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