El Periodismo y la realidad

El Periodismo y la realidad

Alguna vez Borges, en un encuentro con Sábato, dijo que “los periódicos se hacen para el olvido, mientras que los libros  son para la memoria”. Trato de recordar cómo título X diario la semana pasada y no lo recuerdo, pero en cambio sigue circulando en mi mente la manera tan serena y elegante con la que Octavio Paz escribía no solo sus poemas sino sus ensayos, como Convergencias. Una prosa que suscita ataraxia y no el desasosiego que produce la cacofonía del lenguaje de prensa, los coloquialismos, las manipulaciones. Pero eso los abordaré más adelante.

Jaír Villano

Jaír Villano

No olvida uno que Ordóñez –y disculparán los lectores la yuxtaposición que me permitiré hacer ora (digo el poner cerca el arte y la mierda, aunque el que supo cómo hacerlo fue Baudelaire) – digo que  Ordóñez puede perder su nebulosa reelección;  que tal parece que el punto a discutir en la mesa de La Habana es más difícil de lo que parece,  dado que están politizando las víctimas;  pretendo no caer en el mismo error de la prensa: ese que aborda tantas cosas que luego termina en nada, de ahí que Ignacio Ramonet hable del reciclaje de la información: de consumir lo que más importa. Pero retomando, vale la pena pensar qué es lo que hace que, en efecto, las noticias mueran y los libros sobrevivan. Digo, por qué es menos difícil olvidarse de las andanzas de un Padre Brown o la perfidia de Macbeth, que del polémico magistrado de (¿la Sala Disciplinaria?) del Consejo Superior de la Judicatura que negociaba con un polémico coronel el traslado de un caso de ejecución extrajudicial a la justicia militar en vez de la ordinaria. Es evidentemente más importante lo segundo, y la memoria falla aun cuando es un caso reciente, pero las dinámicas del periodismo hacen que un caso tan grave quede en algún suburbio de la memoria de las audiencias. Más olvidado queda si se tiene en cuenta que los casos de corrupción en un país de organizaciones e instituciones públicas corruptas abundan, y que la forma en que son presentados estos carece un análisis y de una concatenación de eventos. No hay una urdimbre sólida, para decirlo retóricamente, contrario a los personajes literarios que sí gozan de una disciplinada elaboración, razón por la que hace que se perpetúen en el tiempo.

Obviamente, hay sendas diferencias entre la literatura y el periodismo, para empezar hay que decir que el escritor puede tardar meses y años en la elaboración de una obra artística,  mientras que el periodista solo cuenta con unas pocas horas  o con algunos días cuando tiene suerte. Precisamente, en esa ausencia de tiempo es que emerge el error, en la inmediatez (¿demandada por el público?) de la noticia, la noticia que debe abarcar un somero contexto y un par de fuentes que intenten contrastar lo sinuosamente aseverado en el titular. En estos días dos medios en Cali tuvieron el descaro de titular: “Usuarios del MÍO afectados por paro de trabajadores”, “Restablecen rutas del MÍO, afectadas por paro de transportadores”. Como si acaso la culpa de los inconvenientes presentados no fuera por las causales que dieron lugar al paro: que es atraso en los pagos. Cuidado, el titular advierte cómo será el abordaje de la noticia.

Hasta el filósofo menos filósofo sabe que para el análisis es imperativo el tiempo, luego, ¿cómo analizar en cuestión de horas?

Escribir una noticia, aunque no parezca, es un ejercicio literario: literatura y periodismo verbalizan la realidad. Es solo que al escritor de literatura se le juzga por los elementos de lo que está compuesta su obra: por solo decir uno, por qué tan verosímil es su relato; en cambio el periodista no tiene que demostrar verosimilitud porque todos presuponen que lo que dice es verdad. El literato es un gran mentiroso que si es bueno hará que todo parezca verdad, el periodista debe ser siempre veraz, es decir, no se puede dar el lujo de faltar a la misma en aras de hacer que lo que dice se vea o se escuche mejor. Lo dijo Vargas Llosa en rima: “la verdad o no en la literatura no es una cuestión ética sino estética”.  Así las cosas, es más difícil ser periodista que escritor de literatura porque este carga con la responsabilidad de ilustrar la realidad con toda y la complejidad que genera esa ilustración. Además, el periodista, como dije más arriba, cuenta con menos tiempo. Y ese es el gran problema: que no se puede reflejar la realidad en poco tiempo, no al menos de manera veraz.

Quizá por eso Borges dijo lo que dijo: porque la buena literatura deja plasmada una realidad, en cambio las noticias solo alcanzan a llegar a los vestigios, a los retazos de eso que es y no es, de eso que pasó pasa y pasará. Fui bondadoso al no mencionar los intereses políticos y económicos que subyacen en esa construcción de los factos.

Pero es que eso se presupone.

Por Jaír Villano

@VillanoJair

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