En un sábado común y corriente

En un sábado común y corriente

Juan Manuel Rodríguez

Juan Manuel Rodríguez

5:47 a.m, hora en la que normalmente no suelo escribir un sábado, ya que me encuentro dormido.  Dentro de 12 minutos serán las seis y sonará la chicharra del despertador ¿cuántas personas en el planeta se levantan solas antes de que suene el despertador? incluso  ¿cuántas personas no utilizan despertador y se levantan como si tuvieran un despertador programado dentro de sus cabezas? realmente los admiro. Estas estadísticas, por si alguien lo necesita para un trabajo, tesis, comentario de coctel, conocimiento general etc., no las tengo; así que puede ingresar a google a buscarlas.

Casi siempre que me siento a escribir tengo una idea garabateada en una libreta que debe estar por ahí en algún lugar de mi cuarto. Me da pereza ir a buscarla, pues estoy en bóxers y está haciendo mucho frío; entonces imagino mi cuerpo inmerso dentro de una especie de burbuja. Si llego a sacar alguna de mis extremidades de la cápsula imaginaria que las está protegiendo, se congelarían; bobadas que pueden llegar a ocurrírsele a uno a eso de las 5:57 a.m. de un sábado.

Me dormí a la 1:00 de la mañana, bueno, eso es un decir, ojalá yo me durmiera apenas me echo las cobijas encima y doy media vuelta; mi hermano parece pertenecer a los de ese grupo, yo en cambio pertenezco al de  los que se ponen a pensar mil cosas, que pueden ir desde el último chiste bobo que me contaron hasta preguntarme porqué no soy baterista profesional de una agrupación de Rock reconocida o no reconocida, pues a la larga lo importante sería ganarme la vida tocando batería.

Según el reloj del computador hace 4 minutos debió haber sonado la chicharra del despertador, evento que no ha sucedido; probablemente, como a veces suele ocurrirme,  programé el despertador a las 6 p.m o las horas entre ambos relojes simplemente no coinciden.  Me acabo de salir de la burbuja climática y comprobé tres cosas: no estaba haciendo más frio afuera de la misma, no me congelé, la hora entre ambos relojes efectivamente estaba descuadrada.  De pronto es por eso que existen tantos conflictos entre las personas, todos tenemos una hora y un tiempo distintos y simplemente nunca coincidimos.

Una molestia en mi cuerpo fue la causa puntual para haberme despertado antes de que sonara la chicharra del despertador.  No logré identificarla. Llegué a pensar que era un dolor en el pecho, pues sentí una ligera molestia en el mismo. Me angustié pensando que de pronto era mi corazón, hasta me tomé el pulso, pero mis conocimientos empíricos de medicina, que tienden a cero, me indicaron que nada estaba fuera de orden. Di un par de vueltas infructuosas para dormirme nuevamente, prendí el televisor pero nada de eso sirvió. Me levanté a escribir.

Apenas me senté en el escritorio, llegó la siguiente pregunta a mí cabeza  ¿Qué tal que su cuerpo le indicara el momento previo a su muerte? Dicho evento haría que su día no  fuera uno común y corriente ¿Alguna vez ha pensado en cómo va a ser su muerte?  Ha vuelto a sonar la chicharra del despertador; me voy a bañar. En vez de pensar pendejadas, considero que es mejor aprovechar cada minuto de los días que nos quedan por vivir, independiente de lo extraordinarios o  comunes y corrientes que puedan llegar a ser.

Por Juan Manuel Rodríguez

jma.rodriguez@gmail.com

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