Entrevista a Flora Martínez

Entrevista a Flora Martínez

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¿Cuál es el estilo que le impregnas a los papeles que interpretas?

Para mi un personaje siempre tiene una razón de ser, la columna. En Rosario Tijeras, ¿qué puede llevar a alguien a matar? Y es donde entro a los personajes desde la realidad. Intento encontrar personas en ella que me lleven a entender psicológicamente como trabaja esa persona. En ‘Soplo De Vida’, me fui hasta las morgues y miraba. Siempre he sido de ir a la fuente de las cosas. Es lo que me fascina de la actuación: la posibilidad de conocer la mente y la psicología humana en todas sus formas y dimensiones.

 

¿Cuánto te demoras en construir un personaje?

Depende. Hay unos que no te dan tiempo porque te llaman inmediatamente para trabajar y se van armando sobre la marcha. Con Rosario, tuvimos tres meses donde me fui para Medellín a vivir en las comunas, a entrar en las cárceles para permear el papel; es ahí cuando los papeles salen con más veracidad. Para el momento en el que digan ‘ACCIÓN’ ya estés lleno de todo lo que le pueda pasarle a esa persona.

 

¿Cómo ha cambiado tu vida con la maternidad?

Absolutamente. Primero que todo, los hijos le quitan a uno todas las huevonadas. Te bajan el ego rapidito. Y más importante, me dio otra perspectiva de la mujer. Los desnudos, sobre todo, siempre los hice desde la actriz. Pero en el momento en el que eres madre y te conviertes en ese ejemplo para tu hija, cambia. No es de moral. Es porque se han sacado de contexto esas películas. Si la película fuera en sí lo que es, estaría bien. Pero las toman y solo repiten las escenas de sexo y navegas en internet y solo ves esa escena entonces tu hija diría ‘‘mi mamá hace porno’’. Entonces te das cuenta que muchas cosas que sentía desde una convicción seguramente estaban siendo hechas por otras personas.

 

¿Por qué quisiste regresar a la escena artística con una obra?

Cuando me fui a Nueva York, me fui un poco atolondrada del mundo artístico. Aparte, era muy chiquita. A mi me llevo la fama y lo viví todo muy rápido. Y cuando llegué allá, escribía mucho. Tenía muchas reflexiones y ahora que he pasado muchas más cosas, miré todos esos cuadernos y me di cuenta que necesitaba comunicar una obra donde ya no tuviera la frustración de hacer personajes que al final de la historia, no contaran nada. Quiero transmitir cosas que para mi son importantes. Tal vez sean etapas. Pero ahora quiero hacer algo que haga que el público se emocione, reflexione y los motive a ser mejores artistas, personas, padres… Mejores.

 

 

¿Cuánto duró la preparación de la obra?

Desde que empezó la semilla, 10 años. Y el proceso de montarla, 8 meses. Es difícil crear una obra. No el agarrar una y montarla. Supongo que es más fácil sólo ensayarla. Pero crearla, moldearla, destruirla y decir, está es la forma de hacer las cosas.

 

¿Cómo fue trabajar con tu esposo José Reinoso?

Durísimo.

¿No se puede separar lo uno de lo otro?

Es que no se separa. He ahí el problema. Ustedes dos trabajan y se ven al otro día. Pero el vivir juntos cuando algo sale mal, se queda ahí y eso lo hace difícil. Aparte, él es muy estricto, no es sutil cuando dice las cosas. Es duro y crítico y yo soy hipersensible. Ahora siento que lo logramos y es muy lindo retarse en esos proyectos y es hermoso poder trabajar con tu pareja. Tener a tu amorcito, viajar con él y comunicar juntos en un escenario… es éxtasis.

 

Es la primera vez que cantas en público, ¿Cómo fue el proceso de implementarlo en la obra?

Es una materia que tengo pendiente. Me enloquece la música. Tengo una relación tortuosa con un violín, al igual que mi marido y Sofia, mi hija. Yo me he peleado mucho con la actuación, pero vuelve y me busca y la dejo. Lo que me gusta de la música es que no tiene máscaras. Es a corazón abierto y comunicación directa. Y ahora quiero eso. Muchas veces una se vuelve artista porque quiere llenar vacios que a lo mejor no tuvo en la infancia o de aceptación y por eso uno se viste de payaso pa’que la gente lo quiera. Ahora quiero no tener la necesidad de ponerme máscaras y poder dar lo que soy. Y que lo que soy está bien y le sirve a la gente sin ponerme expectativas que el mundo le exige a uno, pero con las que no me siento satisfecha.

 

¿Qué quieres que la gente reflexione al final de la obra?

Hay alguien a quién le hago un homenaje en la obra: Jaime Garzón. Estuvo poco tiempo en mi vida pero con los años, a medida que me he ido recuperando de la pérdida, me he dado cuenta que para él, lo artístico y la comunicación tenían un fin. Él no actuaba por ser famoso, no era su preocupación. Ni por plata, ni fama. Él tenía una misión y era despertarnos en su maravilloso humor y las mil formas de decir la verdad: esa forma tan particular de recrear la realidad. Entonces tal vez eso pueda dejarlos pensando.

Me encantaría abrir la ventana a decir ‘sí se pueden hacer cosas’, porque la obra es muy simple: es un piano y yo. No se necesita de tanta infraestructura para llevar un mensaje a la gente. Hay cosas que son más importante que la fama y el éxito.

 

Hay mucha crítica en contra de las producciones que realzan el narcotráfico. Haz participado en ellas, entonces… ¿Cómo ves esa reincidencia social?

Pero ¿por qué las ven entonces? Ese es el problema. Si no tuvieran raiting, no las podrían hacer. Los mismos actores que hacen ‘El Capo’ se sorprenden al saber que los llaman a la tercera por lo mismo. Yo estoy de acuerdo, que falta de imaginación. ¡Basta! Y por esto es una apuesta a decir que pongan tema y hablemos de cualquier otra cosa.

 

¿Cómo puede ayudar la televisión a la sociedad?

En todo. Hasta en el barrio más pobre hay una antena. Hasta en una casa de lata, ves una antena. Es el medio de comunicación más masivo que existe. Hay una responsabilidad con eso y no lo digo mamertamente. Todo empieza en la educación y nos quedamos trabados ahí. Por eso en últimas le agradezco a mi papá que me haya sacado del colegio a los 15. Yo siento que la educación se quedó retrograda en muchos sentidos. Ya hay nuevos descubrimientos, las cosas se mueven a otra velocidad. Einstein tenía una frase muy bonita: ‘‘si la educación no sirve para que uno siga cuestionandose las cosas y siga teniendo imaginación, no sirve’’. Y yo creo que de adulto, pierde la capacidad de imaginar y es gravísimo. Estamos estancados haciendo cosas infelices. Repitiendo series, personajes y nada cambia. Hay que comenzar a proponer y eso es lo que traigo con esta obra.

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¿Cuál es la diferencia entre actuar en teatro y en televisión?

En televisión empiezas a correr el riesgo de ser monótono. Es tan sencillo como ver los actores llegar en sus camionetas al set. Blindados, sin tener comunicación con el mundo externo. El mundo televisivo lo va enfriando y alejando. Y mira los teatreros. Siempre metidos buscando, leyendo, viendo y la creación de ellos es la vida. En la televisión te vas volviendo estúpido. La plata, fama, tanta atención sobre uno mismo… es la cagada. Para mi el ser un buen artista está en la capacidad de observar, de cuestionarte, criticarte y la tv te pone eso en contra. Hay unos que se salvan, pero esos han nacido en el teatro. Al actor con esa superficialidad, se le hace difícil unir esos dos aspectos.

 

¿A Colombia todavía le falta formarse en lo cultural?

Total. Pero esta en nosotros. Garzón decía ‘si los jóvenes no se encargan de cambiar el mundo, nadie va a venir a cambiarselo’. Si no cuidan el país, no lo va a hacer nadie por ustedes. Mi esposo dice algo muy lindo: ‘‘si la mitad de los niños, que a lo mejor no llegan a tener educación, se les puede dar un poco de arte, es muy difícil que entren en la violencia’’. Y esa es la manera de hacerlo y no hay otra.

 

¿Cómo vamos en el cine colombiano?

Ahí vamos. Yo tengo mucha admiración por Cali y he estado preguntando mucho y veo que tiene un avargal del teatro, que para mi es el nido de la dramaturgia y eso ya habla de ustedes. De aquí esta empezando a salir la próxima generación de las películas colombianas. Siento que el cine colombiano, no existe. Hay joyas, pero solo apenas están naciendo porque solo ahora estamos empezando a cuestionarnos quiénes somos. Para narrar historias hay que conocerse y solo hasta ahora, estamos empezando. El hacer cine para los ‘gringos’, sobre narcos, no genera nada.

 

¿Alguna vez tendremos industria?

¿cómo se logra eso? Con escuelas de cine. Sobre todo de guión. Yo siento que lo que más le falta a Colombia son 30 buenas escuelas de guión, porque sí hay buenas historias. Es que es solo ver que con una cámara digital se hacen cosas absurdamente buenas. Y no es de millones de dólares sino las historias. Y en Colombia sobran. Los gringos ya no tienen historias. Yo viví 5 años y te juro que recibía un guión donde cambiaban los nombres. Ya todo está inventado. Y en Europa igual. Países donde ya se ha hecho mucho y por eso están volcándose aquí.

 

¿Qué consejo le das a los próximos emprendedores culturales?

Lo hablaba con unos amigos: el propósito. A uno le enseñan muchas cosas y va en el mundo por ahí buscando. Pero si uno logra saber cuál es su propósito, sea el que sea, es más fácil navegar con eso; una brújula.

 

¿A quién o a qué le darías clavo?

A los pederastas que joden a los niños y el clavo bueno que se inventara la paz en Colombia.

 

BONUS TRACK

Un libro: El cuerpo Poético de Jacques Lecoq

Una canción: Purple Rain de Prince

Actríz: Meryl Streep

Una película: No te mueras sin decirme a dónde vas

 

Por Lady Ospina

Twitter: @ladyospinav

 

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